Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
20 Apr 2014  |  maldomao   BREVE         

La burocracia pierde el sentido

Recientemente E. Dans y JM Bolivar abordaban el mismo tema -aunque con distinta perspectiva- en sus blogs: el sentido de las empresas burocratizadas y rígidas en el entorno actual. La respuesta corta es obvia: están perdiendo el sentío ;)

Esto tiene que ver con la caída de los costes de información y de personalización que están permitiendo las tecnologías de la información. Algunas empresas lo empiezan a explotar; sus servicios mejoran y tienen éxito; la gente lo empieza a exigir, tanto en su rol de cliente como en el de empleado; es un circulo virtuoso e imparable.

Si las empresas son lentas en adaptarse a esto, mejor no pensar en la administración (española, no sé otras). Los monstruos burocráticos de las administraciones cada vez cumplen peor su función -en términos relativos a las posibilidades existentes- y son más ineficaces e ineficientes proveyendo sus servicios a los ciudadanos.

Otro problema grave que genera la administración con la regulación y la existencia de servicios públicos en algunos sectores (como la sanidad o la educación) es que ni innovan ni dejan innovar; el sistema desincentiva, o incluso cercena, el nacimiento de iniciativas o empresas innovadoras por la competencia desleal del servicio público; ya establecido y gratuito, y por la rigidez de la regulación y la incertidumbre sobre un posible cambio de las reglas del juego.

Copio y pego lo mejor de los artículos referenciados.

Saco algo del breve artículo de E. Dans:

Cada día veo más empresas de este tipo, en las que que la burocracia y la normativa parece escrita en piedra, e interfiere con lo que serían formas razonables de hacer las cosas, con lo que el sentido común debería dictar, con lo que un directivo podría decidir amparado por su buen juicio. En un entorno progresivamente más rico en información y con procesos de comunicación que supuestamente son cada vez más ágiles, no tiene ningún sentido convertir las empresas en una especie de ministerios en los que perdemos grados de libertad en función de procedimientos cada vez más rígidos.

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El desarrollo de un entorno en el que la información resulta cada vez más accesible y analizable choca cada día más con una tendencia habitual en muchas empresas: el recurso a sistemáticas y parámetros marcados de forma completamente rígida.

¿Dónde está el problema? En primer lugar, en que cada día más, tanto empleados como clientes son diferentes. No quieren ser tratados “democráticamente” o “como iguales”. Lo que quieren es ser tratados individualmente. El valor de un cliente o de un empleado puede ser muy distinto. Las empresas deberían ser suficientemente flexibles como para reconocerlo y saberlo gestionar.

Más profundo y completo el artículo de JM Bolivar, muy recomendable. Saco lo mejor:

Weber definió la burocracia como una forma de organización que realza la precisión, la velocidad, la claridad, la regularidad, la exactitud y la eficiencia conseguidas a través de la división de las tareas, de la supervisión jerárquica, y de la existencia de reglas detalladas y regulaciones.

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Conviene tener en cuenta que la burocracia surgió en unas circunstancias y como respuesta a una serie de necesidades bien distintas de las que estamos viviendo. Me refiero a una época mucho más “sólida“, una época en la que el ritmo de cambio era considerablemente menor al actual y, por consiguiente, la necesidad de constante adaptación al entorno era menos crítica que lo es hoy. En ese entorno, la burocracia como modelo organizativo era una idea que funcionaba razonablemente bien.

Al margen de otras ineficiencias inherentes al propio modelo, la lentitud del proceso de toma de decisiones en las organizaciones burocráticas es algo conocido por todos. Lo que sucede es que antes su efecto solía limitarse a suponer una contrariedad más o menos irritante pero ahora ha pasado a convertirse en un problema para la eficacia de dichas organizaciones e incluso en una amenaza para su supervivencia, en la medida que limita, cuando no paraliza, el proceso evolutivo que supone la adaptación al cambio.

En el modelo de administración burocrático, las personas son un elemento más del sistema, un “recurso humano” que contribuye al funcionamiento del engranaje. En el campo concreto de la empresa, los principios del Taylorismo abogan explícitamente por reducir al máximo la imprescindibilidad de las personas. Para ello se trabaja en atomizar las tareas al máximo hasta poder detallar de forma simple cualquier procedimiento de trabajo, ya que esto asegura la rápida y fácil sustitución de una persona por otra.

Esta atomización excesiva de las tareas, las detalladas reglas y las regulaciones dejan poco o nulo espacio para que las personas puedan trabajar con la autonomía y la maestría que precisa la motivación humana, a la vez que desproveen al trabajo de sentido. Pero además, este escenario de control extremo desemboca habitualmente en una obsesión enfermiza por mantener la estabilidad del sistema, hasta el punto de que el sistema deja de ser medio para convertirse en un fin en sí mismo.

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En el siglo XXI, en la era de los knowmads, el trabajo se vertebrará alrededor de proyectos, no de organizaciones. Proyectos que son llevados a cabo por personas. Por eso hay devolver a la organización la importancia que realmente tiene, recordar que la organización es solo un medio al servicio de un fin. Porque la organización, entendida como conjunto de estructuras, procesos y tecnologías, es algo secundario en el trabajo en red. Lo que realmente importa en una red no es la organización, sino el contenido.

El papel de las organizaciones en el trabajo del conocimiento está sobrevalorado y darle de nuevo el valor que realmente tiene en este nuevo escenario es uno de los retos a los que nos enfrentamos para poder adaptarnos con éxito a esta nueva realidad.

Proyecto y persona. Objeto y sujeto del trabajo en red. Esas son las auténticas prioridades.

¿Y qué pasa con la organización? ¿Es necesaria? Sí, también, pero asegurando que esté al servicio de las personas y no al revés. ¿Cuánta? La estrictamente necesaria y siempre la mínima posible. Porque, no lo olvidemos, a más organización, menos personas.

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