Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
8 Apr 2014  |  maldomao   BREVE         

Me gustó esta crítica a la carrera de filosofía de Paulo Hernández, un ex alumno motivado por la disciplina pero decepcionado con los estudios.

Lo que me gusta menos es el contenido; es deprimente que un alumno motivado sea más lúcido que los profesores, y que haya tanto dogmatismo y desactualización sobre el avance científico relevante para el debate filosófico en el profesorado. Penoso.

Saco lo mejor del artículo:

Después de años pasando por diversos profesores y una miríada de asignaturas, he comprobado que en el ámbito académico filosófico todo es posible. Algunas asignaturas negaban la existencia o la relevancia de otras, en una suerte de competencia gremial. Mencionar ciertas palabras o autores era tabú.

...

Lo que quedó claro es que los filósofos no escapan a sus sesgos cognitivos mejor que nadie. De hecho, la visión que tengo de cuatro años de carrera es que la mayoría del profesorado vende un producto (su doctrina filosófica). Así, el conjunto de la carrera es similar a un mercadillo de ruidosos vendedores, que quieren atraer al personal para ofertarle alguna baratija metafísica. Mi evaluación es que hay tres maneras de salir de una facultad de filosofía: totalmente cínico, totalmente dogmático, o exactamente igual que has entrado.

En cualquier caso, lo que más deja a uno perplejo es que muchos filósofos pontifiquen sobre lo humano y lo divino (en algunos casos, literalmente) sin tener en cuenta de qué está hecho el mundo y, por extensión, ellos mismos. El ácido corrosivo del darwinismo, que coloca al hombre en el conjunto de los seres vivos, todavía no ha penetrado en el mágico reino de la filosofía. Hablan sobre la moral sin tener en cuenta lo básico en etología, como el altruismo de parentesco y el altruismo recíproco, o la influencia del sistema límbico en nuestras decisiones morales, que siempre involucran a las emociones. La psicología evolucionista es anatema (y mejor no hablemos de la genética del comportamiento). Disertan sobre la libertad y el libre albedrío sin poner sobre la mesa los datos de la neurociencia, el experimento de Libet, las leyes físico-químicas a las que estamos sujetos como parte de este universo. Exponen una supuesta estructura metafísica de la realidad sin pensar en las leyes físicas realmente existentes. Si se habla de la realidad sin tener como referencia a la propia realidad, ¿qué interés pueden tener esas palabras que hablan sobre otras palabras? ¿Qué relevancia presente tiene una ética o una filosofía política que se fundamenta en un vacío biológico? Además de ello, buena parte de los filósofos se dedican a hacer arqueología del pensamiento, buscando qué es lo que quería decir tal o cual pensador en tal línea de tal párrafo. Esta manía por la autorreferencia y el citar constantemente a los colegas, a mi juicio, fosiliza el papel de la filosofía, que podría ser de gran interés dedicado a la disección de los problemas de la actualidad. ¿Tenían razón Stephen Hawking, Weinberg y Rorty al subrayar que la filosofía ha muerto? No lo sé. Quizá estoy exponiendo un diagnóstico muy pesimista y sesgado de la filosofía académica, pero es la impresión general con la que me quedo. Hay notables excepciones, como siempre. Pero por desgracia, como dijo Spinoza, todo lo valioso es tan difícil como raro.

Y si está así el ámbito académico filosófico, cómo estarán las creencias populares al respecto...

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