Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
22 Feb 2015  |  maldomao   BREVE         

La ineficacia del consenso

Interesante reflexión de Jose Miguel Bolivar sobre cómo la búsqueda de consenso en la toma de decisiones suele ser ineficaz e ineficiente.

Saco los mejores párrafos:

Cuando afirmo que el consenso perjudica a la productividad quiero decir que el consenso es una forma de toma de decisiones enormemente dañina para el trabajo del conocimiento, ya que es – simultáneamente – altamente ineficaz e ineficiente.

...

En mi [frustrante] experiencia trabajando en organizaciones con una fuerte cultura de consenso, el 99 por ciento de las informaciones aportadas en los procesos de toma de decisiones es irrelevante para la consecución del resultado y del propósito. El problema de las opiniones individuales es que, aunque tengan un valor en sí mismas como información, no tienen por qué ser necesariamente relevantes para la toma de las decisiones. Casi todos los «yo creo», «yo pienso», «yo opino» o «a mí me parece» suelen ser esencialmente creencias, suposiciones, prejuicios, intereses personales, miedos y demás elementos de carácter subjetivo que poco o nada contribuyen a la toma de la decisión correcta.

Por otra parte, el método de toma de decisiones por consenso busca que todos los participantes en el proceso de toma de decisiones, o al menos la gran mayoría de ellos, esté de acuerdo con la decisión finalmente acordada. Esto de por sí es ineficaz, ya que la prioridad no es que la decisión sea la correcta, sino que sea la que cuenta con mayor número de apoyos. Cuando la prioridad es el «cuidado del ego» y no la toma de la decisión correcta, lo habitual es que la decisión tomada no sea la óptima. Mi experiencia, de hecho, es que el consenso suele dar lugar por lo general a decisiones francamente mediocres y esto, en términos de productividad, es ineficacia.

Del mismo modo, el método de toma de decisiones por consenso conlleva lentos y tediosos procesos de negociación, los «tira y afloja» por todos conocidos. Este tipo de dinámicas tienen más que ver con posicionamientos individuales que con el proyecto y su propósito, y supone una pérdida ingente de recursos en una labor que no contribuye a la toma de la decisión correcta sino únicamente al logro de un consenso, lo cual, en términos de productividad, es ineficiencia.

El autor se refiere al entorno empresarial, que es a lo que se dedica, pero creo que sus conclusiones son aplicables a casi cualquier ámbito de la vida: desde las comunidades de vecinos a la política.

Una buena comparación que creo refleja bien esta idea es la diferencia entre la forma de funcionar de la política y el mercado.

Las decisiones políticas se toman de una forma más o menos consensuada: si no hay mayoría clara de un partido, entre los partidos principales llegan a consensos; en el caso de que gobierne un partido con mayoría quiere decir que el consenso se alcanzó en las urnas: la mayoría es el consenso.

El resultado ya lo conocemos: decisiones arbitrarias, lentas, resultados mediocres -en el mejor de los casos-; un lastre, un freno para el progreso social y económico.

En el mercado (ideal), por otra parte, nadie tiene que pedir permiso o llegar a un consenso social para emprender, probar una idea o intentar cambiar el mundo. Los mejor informados, los más valientes, a su cuenta y riesgo, toman decisiones, y el mercado, los demás, los potenciales clientes, las validan o refutan en un proceso ágil y con consecuencias para el promotor. Se produce un aprendizaje social. El resultado es avance rápido y progreso.

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