Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
22 Jun 2014  |  maldomao   BREVE         

Fin de régimen y nuevo Rey (de César Molinas)

Hace unos días publicaban en NadaEsGratis un estupendo artículo de César Molinas: Fin de régimen y nuevo Rey sobre la actual coyuntura política española.

Lo desgloso sacando los mejores párrafos pero recomiendo leerlo entero, no tiene desperdicio:

Introducción y planteamiento del tema del artículo:

Con similitudes y diferencias, la situación actual recuerda a 1974, cuando el régimen franquista agonizaba y nadie tenía una idea cabal de qué iba a ocurrir en el futuro próximo. La principal similitud es la caducidad de las agendas: la del régimen del 78 está hoy tan obsoleta como lo estaba la del 18 de julio en el franquismo tardío. Como entonces, España tiene ahora una necesidad perentoria de renovar la agenda. Hace cuatro décadas lo consiguió, ahora no está claro que sea capaz de hacerlo. Y no lo está porque la principal diferencia es que en 1974 el franquismo era un régimen débil e inestable, mientras que el régimen político actual es todavía muy estable, como ilustra el hecho de que es capaz de tener 6 millones de parados, de no darles ninguna esperanza razonable de empleo, y de permitir algo tan feo como que una parte de las élites se dedique a robar el dinero para formación y reciclaje de los desempleados sin que pase absolutamente nada.

Después, en 4 puntos, describe el funcionamiento de los regímenes políticos, su decadencia y las condiciones para su transición a otro. Es lo que más me ha gustado:

1. Un régimen político se puede caracterizar por un binomio compuesto por una agenda y por un conjunto de élites de referencia, o grupos de interés, que consideran que la agenda les es favorable. Estas élites tienen, en mayor o menor grado, poder de veto sobre modificaciones de la agenda y eso cimienta la estabilidad política.

2. La decadencia de un régimen político aparece cuando cambian las circunstancias históricas que alumbraron su nacimiento y dieron sentido a sus instituciones, y éstas se muestran incapaces de liderar el cambio de agenda que reclaman los nuevos tiempos. Esta incapacidad surge casi siempre de la maraña de intereses creados por las élites de referencia y de su atrincheramiento en las instituciones desde las que se oponen a cualquier cambio fundamental.

3. La decadencia política lleva tarde o temprano a situaciones de fin de régimen, en las que para cambiar la agenda hay que cambiar parcial o totalmente a las élites de referencia. Una revolución es un cambio de régimen en el que las élites de referencia son desplazadas sin compensación alguna. Una transición es un cambio de régimen en el que las élites desplazadas obtienen compensación.

4. Un régimen político es estable cuando no existe una coalición alternativa de élites que pueda imponer una agenda nueva. Un régimen político es legítimo cuando la población cree que sus instituciones son justas y está dispuesta a cumplir las reglas establecidas.

Basado en las ideas anteriores, describe la transición y cómo se compensó a la élites de referencia que perdieron peso en el cambio. Destaca sobre todas a las redes clientelares del caciquismo tradicional, dice lo siguiente:

las redes clientelares del caciquismo tradicional y otras redes de nuevo cuño creadas por los nuevos políticos regionales se incrustaron en las nacientes administraciones autonómicas, superando lo conseguido en las administraciones locales bajo el franquismo y regímenes anteriores. Así, el renovado caciquismo español ha conocido en el régimen del 78 un esplendor desconocido desde la Restauración. Irónicamente, la extraordinaria estabilidad del régimen actual tiene sus raíces en la integración y el fortalecimiento del caciquismo como élite de referencia.

...

En el último siglo España ha cambiado con frecuencia de régimen político: han cambiado las agendas, las élites de referencia y las formas de Estado. Ha habido dos monarquías, dos dictaduras y una república. Pero el poder, en su naturaleza y estructura, no ha cambiado de manera significativa.

Más adelante describe cómo se ha llegado a la situación actual; que para él es de fin de régimen. Saco parte:

En este contexto de euforia, las rigideces del nuevo régimen se manifestaron muy temprano. En los años 80 los sindicatos comenzaron a ejercer el veto para impedir la reforma de las pensiones, que ya entonces se sabía necesaria, y para abortar cualquier flexibilización del mercado laboral. Este veto impidió hacer reformas significativas durante dos décadas. El capitalismo castizo, otra élite de referencia, vetaba la introducción de competencia en mercados de factores y productos. El actual desbarajuste del mercado eléctrico es consecuencia, en parte, de ese veto. La corrupción se extendía de abajo a arriba por las administraciones públicas, en las que la licitación y contratación iban cayendo en manos de las redes clientelares. Los tentáculos del caciquismo acabaron controlando muchas Cajas de Ahorro, instituciones clave en la generación de la burbuja inmobiliaria que reventó en 2008.

...

El régimen político actual no es capaz de superar los vetos de sus élites de referencia, no es capaz de elaborar un proyecto de futuro que haga de España un país atractivo para los españoles y no es capaz de afrontar los grandes retos que tiene por delante nuestro país. Acosado por circunstancias que no comprende y carcomido por la corrupción, pierde legitimidad a chorros. Estamos en una situación de fin de régimen.

Luego propone una agenda para el nuevo régimen, y explica cómo ésta incomoda a las élites de referencia:

Construyendo sobre lo conseguido desde 1978, la nueva agenda debe situar a España en condiciones de afrontar los retos del siglo XXI, que son los que surgen de la pertenencia al euro y de una economía globalizada en la que la digitalización avanza a un ritmo trepidante. Debe incluir los temas vitales que el régimen del 78 es incapaz de abordar:

1. Mejorar el capital humano, de la educación en todos sus niveles, de la I+D y del emprendimiento. Los españoles tenemos que interiorizar la identidad Últimos en PISA=Primeros en desempleo, cuya comprensión escapa al régimen político actual. Hace falta un Plan Marshall para el capital humano, y este plan debe vertebrar un proyecto nacional de futuro integrador de todos los españoles. Si esto no se consigue, España sólo podrá competir por precio y las devaluaciones internas serán recurrentes.

2. Resolver constructivamente las renacidas tensiones territoriales. Para ello hace falta el proyecto mencionado en el punto anterior y añadir la política a la concepción exclusivamente jurídica que el régimen actual tiene del problema.

3. Emprender reformas vitales que no se han abordado hasta la fecha, especialmente la reforma de la Administración.

4. Regenerar la vida pública para recuperar la legitimidad, empezando por una nueva ley de partidos políticos que permita combatir la corrupción. Hay que despolitizar las instituciones del Estado y devolverles sus funciones originales. Esta regeneración es condición previa para que puedan abordarse los puntos anteriores de la agenda.

...

Los cuatro puntos anteriores refieren al interés general, pero todos ellos interfieren con el interés particular de alguna de las actuales élites de referencia, que explícita o implícitamente los vetan. El primer punto incomoda a los sindicatos, a los políticos de determinadas autonomías y, en general, a todos los que creen que la educación debe igualarse por abajo. No parece ser una prioridad para nadie. El segundo incomoda a todos los que creen que la única respuesta que hay que dar al independentismo catalán es aplastarlo. Son muchos, demasiados, los que piensan así. El tercero y el cuarto incomodan a los partidos políticos, al capitalismo castizo y a las redes clientelares. No hay que esperar ninguna iniciativa del régimen político actual para avanzar por el camino de la nueva agenda, con lo que la situación de fin de régimen y el inmovilismo político podrían, en principio, prolongarse indefinidamente.

No es probable que eso ocurra, porque en una situación de fin de régimen cualquier pequeño problema puede convertirse en una gran crisis. De hecho, lo más probable es que haya una crisis tras otra. Ello no es condición suficiente para un cambio de régimen, pero sí es un contexto favorable para que surja el “emprendimiento político” al que me he referido en párrafos anteriores.

Acaba con el papel catalizador que puede tener el nuevo Rey en esta transición.

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