Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
23 Jul 2017  |  maldomao           

Entendiendo Bitcoin (II)

Hace poco caí en este estupendo artículo de J.R. Rallo sobre Bitcoin explicando y analizando la situación del ecosistema justo después de la histórica crisis por el colapso del exchange Mtgox:

En defensa de Bitcoin – Juan Ramón Rallo

Extraigo varios buenos párrafos donde Rallo analiza la naturaleza de bitcoin:

Sucede que el debate está muy mal enfocado. Bitcoin no es un activo financiero cuya rentabilidad haya que maximizar. Bitcoin, en cambio, es un activo que aspira a convertirse en dinero, esto es, en un bien económico con un valor muy estable que diversos agentes económicos deciden incorporar en sus saldos de tesorería como reserva última de su liquidez. Mal hacemos en apuntar un tanto a los defensores de Bitcoin cuando su precio sube y en arrebatárselo cuando su precio baja: el objetivo de Bitcoin es estabilizar sus fluctuaciones de valor frente a aquellos bienes y servicios que sus tenedores desean adquirir con Bitcoin (es decir, el objetivo de Bitcoin es adquirir la propiedad de la liquidez).

Evidentemente, si Bitcoin va siendo progresivamente más usado como dinero por un mayor número de personas, su precio seguirá subiendo (a más demanda, mayor precio) y si, en cambio, la gente se desprende en masa de Bitcoin, su precio se hundirá (a menor demanda, menor precio): pero su viabilidad a medio plazo depende de que logre estabilizar su valor. Por esto último, dicho sea de paso,es incorrecto calificar a Bitcoin de burbuja: Bitcoin carece de valor fundamental (no tiene retorno como activo) y, por tanto, nunca está caro o barato con respecto a un valor fundamental que no existe. Bitcoin podrá subir o bajar de precio, pero no por ello cabrá calificarlo de burbuja: las Playstation 4 también se depreciarán en los próximos años y a nadie se le ocurriría calificar su precio actual de burbuja. Con Bitcoin pasa lo mismo: uno puede pronosticar que no se usará como divisa en el futuro y que, por tanto, su precio actual resultará insostenible en el futuro, pero esa afirmación —que si Bitcoin fracasa como divisa, se depreciará— resulta compatible con cualquier precio que alcance Bitcoin (es decir, si Bitcoin no se usa como divisa, el único valor fundamental al que tenderá es cero).

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Bitcoin es una especie de start-up monetaria tremendamente arriesgada y nadie debería inmovilizar porciones significativas de su patrimonio en proyectos de alto riesgo si, para más inri, no lo entiende. Pero al igual que tantas otras start-ups —monetarias o no monetarias— cuyo adecuado desarrollo promete cambiarnos a mejor la vida, ojalá Bitcoin termine triunfando: los mismos motivos que llevan a los estatistas a temerla deberían llevarnos a todos los demás a desear su exitosa implantación, hayamos invertido o no hayamos invertido desde el comienzo en ella.

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Otro breve artículo de Rallo similar escrito (2017) a raíz de las declaraciones de CEO de JPMorgan:

Estúpido Bitcoin – Juan Ramón Rallo

Saco lo mejor:

a muchos críticos de Bitcoin les sucede algo parecido que a los críticos de la inversión en oro: no entienden de qué estaban hablando. Las burbujas surgen cuando se valora infladamente un activo en relación con los rendimientos que proporcionará en el futuro: si un local comercial puede alquilarse por 10.000 euros anuales y lo compro por un millón de euros, estoy abonando un precio burbujístico (estoy pagando el equivalente a 100 años de alquiler para apenas lograr una exigua rentabilidad del 1% anual). El oro o Bitcoin, en cambio, ni proporcionan ni prometen proporcionar ningún rendimiento explícito: no son un activo productivo, sino un activo monetario. Y como activos monetarios, su demanda final pretende utilizarlos o como medio de intercambio o como depósito de valor: por tanto, su precio depende enteramente de la cantidad de usuarios que quieran deseen para tales propósitos.

Si aumenta ese número de usuarios —así como el grado de interés de cada usuario—, el precio de Bitcoin necesariamente aumentará sin que por necesidad se esté gestando ninguna dinámica burbujística; si, en cambio, el número de usuarios se reduce, su precio pinchará. Por consiguiente, que los precios de Bitcoin hayan subido como la espuma durante años no es indicativo de absolutamente nada salvo de su expansivo uso ligado a su creciente notoriedad. Nada de lo anterior significa, claro, que comprar Bitcoin no implique riesgos: al contrario, los riesgos son muy sustanciales porque el futuro de la divisa es incierto.

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