Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
5 Jul 2015  |  maldomao   BREVE         

Algunas ideas en contra de la vivienda en propiedad

Cada estoy más en contra de tener vivienda en propiedad. Mi cambio de opinión no viene del descubrimiento de argumentos en contra definitivos -como me ha pasado en otros temas- sino más bien con la evolución de mi filosofía de vida, y por tanto no es generalizable pero puede servir para hacer reflexionar a cualquiera.

La vivienda es un activo muy poco líquido (difícil de vender rápidamente sin pérdida) y anclado al terreno, lo que limita muchísimo a nivel laboral o de oportunidades de cualquier tipo, y te deja a expensas del devenir político de ese territorio.

Financieramente, comprar no es una mala opción (sin tener en cuenta la oportunidades laborales que pierdes si estás dispuesto a moverte) debido a lo subvencionado que está por los gobiernos. Aunque los expertos en gestión de patrimonio dicen que es una modalidad de inversión poco sofisticada.

Esta entrada surgió a raíz de leer varios artículos a Roger Senserrich sobre el tema. Saco algunos párrafos:

Estoy poniendo un porcentaje enorme de mis inversiones en un activo poco líquido y completamente anclado al terreno. Mi movilidad laboral se ha reducido considerablemente; si viera una oferta de trabajo que me gustara en Nueva York, Washington o Madrid, los costes de mudarme son mucho mayores que hace dos semanas. Estoy expuesto al riesgo de tener que afrontar reparaciones, costes de mantenimiento y depreciación. Salvo burbujas extrañas, el precio de mi casa seguramente seguirá la inflación, haciendo de ella más una cuenta de ahorro con riesgo que una inversión real.

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Primero de todo, y más importante, dejad de comprar casas de una puñetera vez. Son un lastre, unas cadenas que os atan a un trozo de terruño. Si la región se va al carajo, todo ese dinero que habéis metido en ese chamizo, choza o zulo al que llamáis casa se va al carajo con ella. Liberaos de la esclavitud de la geografía. Amad al camión de mudanzas. No liguéis vuestro destino al mercado inmobiliario y los caprichos del tipo de interés.

Segundo, no estaría mal que los políticos dejaran de glorificar, pelotear, subvencionar y deificar la compra de casitas. Es hora de convertir a ese gran hombre, el casero, en un gran héroe nacional: los tipos que contra viento y marea, tomando riesgos y ataques a su paciencia y sentido común constantes, deciden poner su futuro y el de su gente en alquilar sus carísimas propiedades a panda de desconocidos. Protejamos al casero. Hagamos que la ley le honre y beneficie. Aplaudamos cada paso que da, cada riesgo que toma, cada vivienda que renueva para hacerla más digna y habitable.

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la vivienda en propiedad reduce la movilidad laboral de forma significativa, aumentando la tasa de desempleo.

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Aquellos que compran vivienda no sólo tienen una probabilidad nada trivial de perder todo lo invertido y/o estar sin trabajo, sino que además abren empresas a un ritmo menor que los pobres matados que “tiran el dinero alquilando”. Resulta que aquellos que se hipotecan acostumbran a sobre-invertir en ladrillo, concentrando mucho riesgo en una sola inversión. Esto les lleva a ser más reacios a arriesgar en otras partidas, incluyendo abrir negocios.

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No hace falta decir que esto además de ser patéticamente regresivo (la gente de renta baja no compra casas, así que nunca desgravará un duro por hipotecas), es de hecho una distorsión grave del mercado de vivienda, e incluso del mercado de trabajo. Como ha comentado gente más lista que yo a menudo, comprar una casa es a menudo una decisión irracional: cuesta más dinero, limita tus opciones a medio plazo de movilidad laboral, es una inversión arriesgada (¿quién dijo que los precios no bajaban nunca, por cierto?) y tiene poco sentido en muchos casos.

Cuando el estado anda subvencionando un tipo de comportamiento económico que no es el más racional en todos los casos, esto genera problemas. Por ejemplo, demasiada gente quiere ser propietaria, creando un exceso de demanda. Los precios pueden subir más, ya que el estado se está tragando una parte del coste. Más gente invierte en ladrillo, ya que el estado paga parte de mis intereses. El alquilar se encarece, ya que hay menos recursos y ayudas en ese mercado. Y, curiosamente, todo esto tiende a favorecer la aparación de burbujas inmobiliarias, especialmente en épocas con tipos de interés escandalosamente bajos.

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