Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
15 Oct 2014  |  maldomao   BREVE         

Pensar en modo 'empleo' vs modo 'necesidad'

Me ha gustado esta entrada de Andrés Pérez Ortega en la que insiste en distinguir laboralmente lo que hacemos (el producto que ofrecemos) de lo que somos.

Esto, aunque lo parezca, no entra en contradicción con integrar el aspecto profesional en el personal -practica común entre los que nos dedicamos a lo que nos apasiona-: vendemos resultados, y aunque esos resultados dependan de tus características, habilidades y valores personales no te estás vendiendo personalmente; hay que mantener las distancias de los proyectos y organizaciones, y no sucumbir a la tentación del 'empleo'.

Que quede claro, ni las personas somos productos ni nos vendemos (o no deberíamos) - Andrés Pérez Ortega

Saco los mejores párrafos:

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En realidad nadie te paga a ti por ser tú, sino porque generas un resultado emocional, material o económico. Y esa es una buena noticia porque es imprescindible, de una vez por todas, separar lo que somos de lo que hacemos. De lo contrario acabaremos aceptando que las personas somos productos y que debemos aprender a “vendernos”.

Cuando pensamos que nos contratan a nosotros y no a nuestra oferta acabamos creyendo que lo que debemos buscar es un empleo en el que nos paguen por estar. En realidad lo que deberíamos pensar es que debemos detectar necesidades, encontrar el modo de satisfacerlas y postularnos como las personas más adecuadas para hacerlo.

Cuando piensas en modo “empleo” dependes de que alguien te haga un hueco, eres tu quien llama a las puertas y eso te sitúa en inferioridad de condiciones a la hora de negociar (eso si es que te dan la oportunidad de hacerlo). Cuando piensas en modo “necesidad” eres tu quien va a crear ese hueco aunque no exista o no se lo hayan planteado siquiera y eso aumenta tu valor.

Lo único cierto es que cuando una persona se “vende” no es precisamente algo positivo porque está sacrificando su cuerpo, sus valores o su identidad a cambio de una compensación económica o emocional. Lo que vendemos es nuestro trabajo, que es equivalente a nuestro producto o servicio.

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Un producto NO es un título o un cargo. No es un título, ni una “job description”, ni un cargo, ni lo que pone en tu tarjeta de visita, ni un diploma colgado en la pared… es el resultado de lo que haces.

Un producto NO son tus cualidades. No es tu habilidad, ni tus conocimientos, ni eso que algunos llaman talento, ni la experiencia adquirida. Esos sólo son los “ingredientes”, la materia prima con la que eres capaz de crear tu oferta y generar resultados.

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Creo que es hora de dejar de pensar que los profesionales alquilamos nuestro cuerpo por horas al ir a un cubículo cada día. Entramos en una etapa en la que nos van a valorar y a pagar por los resultados que ofrecemos. Así que, en primer lugar debes ser capaz de generarlos, en segundo lugar debes hacer algo sobresaliente y en tercer lugar debes salir y contarlo a quienes pueda interesar.

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