Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
29 Jun 2015  |  maldomao   BREVE         

[Vídeo] Explicación del idilio entre los gobiernos y la banca (de Rubén Manso Olivar)

Me gusto mucho esta charla de Rubén Manso Olivar, más por el cómo que por el qué: no me aporta muchas ideas nuevas pero se explica muy bien; lo hace con una naturalidad y tranquilidad muy de agradecer.

En cuanto al qué: toca bastantes temas pero principalmente destapa el idilio de los Estados, representados por el gobierno de turno, con la gran banca -con el banco central correspondiente haciendo de nexo, de facilitador del negocio.



Extraigo algunos apuntes de la charla:

> Al principio cuenta cómo y por qué se dejó el patrón oro, y explica el famoso triple juego al que se llegó entre la banca, el gobierno y el banco central, de esta manera:
La banca es un financiador de los déficits públicos: monetiza la deuda. El banco central emite dinero, el gobierno emite deuda y los bancos privados piden dinero prestado al banco central para comprarle la deuda a los gobiernos.

Lo anterior ha llevado a financiar bienes y servicios públicos que hemos disfrutado y no se nos han cobrado vía impuestos; una fórmula insostenible pero muy vendible políticamente. Con ignorancia o complacencia popular, claro.

> En el minuto 25 expone una idea que no había escuchado nunca, muy ingeniosa: Una vez abandonado el patrón oro, se dan cuenta de que meter liquidez en el sistema (a través del banco central) tiene un problema: genera inflación generalizada. ¿Como lo evitamos? Se preguntan. Solución: crear inflación en algunos sectores dirigiendo el préstamo -poder de control sobre los bancos- hacia determinados bienes.

Ejemplo: incentivar el crédito a la vivienda. Incentivos bancarios: coeficiente de reserva bajo para ese tipo de prestamos y deducciones fiscales para los particulares.

El resultado ya lo conocemos: burbujas gigantes a medio o largo plazo.

> En el minuto 33 comenta una idea económica que me parece importantísima y que no leo o escucho nunca: Estamos focalizados en la economía monetaria, y sigue: la riqueza nunca es dinero la riqueza son bienes y servicios y las transacciones que hagamos con ellos. Inyectar dinero sólo crea inflación..

Me parece un concepto clave: tendemos a focalizarnos en el dinero, y el dinero sólo es un medio de intercambio que en muchas ocasiones (véase burbujas) no refleja bien el valor de los bienes y servicios, y eso engaña y despista a los actores económicos y les lleva a actuar anti-económicamente.

> En el 46 también toca un tema bien interesante la arrogancia política respecto al control de la economía. Dice así: La economía es una ciencia con una capacidad predictiva limitada; sin embargo, en general, los políticos han creído que tiene capacidad predictiva, lo siguen vendiendo; y que, por tanto, la solución de nuestros problemas (crisis) es un problema técnico. Se han arrogado de una responsabilidad de la que ahora se arrepienten: que son capaces de arreglar nuestros problemas económicos. El Estado no puede arrogarse unas capacidades que no tiene.

> Acaba (a partir del minuto 1:03) magistralmente con una reflexión filosófica: analizando el papel del Estado en nuestras vidas; para enmarcar estas palabras:
Realmente el sector público nos ha convertido en menores de edad; las grandes decisiones de consumo que tenemos que hacer en nuestras vidas no es comprar un coche sino asegurarnos la vejez, dar educación a los hijos, asegurarnos la sanidad; esas grandes decisiones prácticamente se nos han arrebatado ... Tenemos que responsabilizarnos de nuestra vida y de nuestras finanzas. Sin embargo, el discurso político popularmente aceptado es que el Estado tiene que solucionarnos la vida. Yo no quiero que me solucione la vida, entre otras cosas, porque eso es lo que le da gracia, solucionarla, no que te la den hecha.

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