Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
29 Jul 2014  |  maldomao   BREVE         

Críticas al manifiesto 'Última llamada' y, en general, al catastrofismo energético y material

Como consecuencia de la reciente publicación del manifiesto 'Última llamada' ha surgido un debate bastante interesante sobre a dónde nos va a llevar el sistema consumista que devora los recursos naturales finitos.

Hay una corriente de opinión alarmista y catastrofista -que conocí hace años y me impactó- y otra que, reconociendo el problema como importante, sobre todo el medioambiental, no cree en un desenlace traumático: en forma de colapso social; ni siquiera en un gran descenso de la calidad de vida. Últimamente soy de esta opinión. (En Politikon hacen una buena crítica al manifiesto)

A partir de aquí expongo algunas críticas propias al manifiesto y al alarmismo energético y material:


Me da la impresión de que algunos utilizan estos problemas con fines políticos e ideológicos: parte de su discurso es claramente irracional y dogmático. Esto para mí les hace perder toda la credibilidad y autoridad para liderar el cambio.

Por ejemplo, casi todos claman que el origen del problema es el malvado sistema capitalista que solo funciona con crecimiento y arrasando los recursos naturales, y, por tanto, hay que cambiarlo radicalmente. Lo cual es falso, y me hace desconfiar de esta gente; bien por su ignorancia o bien por sus intenciones políticas al margen del problema.

El capitalismo es un sistema de asignación de recursos y de generación de riqueza independiente de las circunstancias. Como dicen en Politikon: si bien es cierto que el capitalismo es un sistema económico que tiende a producir crecimiento, no necesita hacerlo. El capitalismo persigue el crecimiento: si hay recursos no aprovechados, la libre empresa los moviliza —y así tiende a convertir los recursos humanos y materiales en bienestar subjetivo, lo cual es a priori positivo—. Pero si no existen esos recursos, el capitalismo se limita a aprovechar los existentes.

Es cierto que el capitalismo no está evitando la destrucción medioambiental debido a que no se internalizan los costes mediambientales a largo plazo. También lo dicen el artículo de Politikon: una sociedad de mercado sí puede solucionar los problemas de sostenibilidad si es capaz de integrar las externalidades medioambientales en los precios. Esa es la gran tarea pendiente del capitalismo a nivel global; no haría falta cambiar mucho más.

Me temo que sus alternativas, que no describen, irán en la dirección de la planificación económica, y ya tenemos mucha evidencia histórica de cómo acaba eso...


Por cómo hablan, creo que tienen una visión desfasada de la economía y de la riqueza: basada en recursos naturales, de escasez, de juego de suma cero, etc. ¡Eso ya pasó! La mayor parte del valor económico actual es intangible: es conocimiento, innovación, ideas, know-how, talento, etc. Eso les lleva a sobrestimar la importancia de los recursos naturales en nuestra calidad de vida.

Las últimas tendencias de consumo apuntan a que a la gente cada vez le llena menos poseer cosas y más vivir experiencias y compartirlas. Mucha gente valora más los bienes intangibles: la cultura, el conocimiento, el arte, etc, cada vez más baratos y accesibles, que tener coches y casas.


Los partidarios de la corriente alarmista de corte más científico-técnico se esfuerzan en demostrar el descenso en la disponibilidad de recursos naturales y se enorgullecen de su rigurosidad aportando cifras y análisis científico; pero al final estamos hablando de personas. ¿Que importa si baja levemente las disponibilidad de recursos si la demanda se puede adaptar perfectamente a esa escasez?

Ese es mi argumento principal frente al alarmismo: podemos vivir consumiendo bastante menos de todo con muy poca merma en nuestra calidad de vida, y se puede vivir dignamente consumiendo mucho menos. Es cuestión de hábitos. Igual que la abundancia material del siglo XX nos ha llevado a un consumismo desmedido, la escasez nos llevará a moderar estos hábitos despilfarradores.

Se me ocurren mil ejemplos que evidencian lo anterior, pero uno que comento siempre que podría tener un impacto tremendo en el ahorro de combustible para el transporte es usar habitualmente la telepresencia. La tecnología está lista es cuestión de cambiar hábitos.


Para acabar, aún reconociendo que podemos estar cerca del fin de la energía barata (y otros recursos naturales), este es solo un cambio más de los muchos que se van producir simultáneamente en todos los ámbitos los próximos años. Y, desde mi punto de vista, su impacto social va a está lejos del de otros cambios que ya están a la vuelta de la esquina. O sea, que yo sí que soy catastrofista, pero creo que el origen del desmane social en el mundo rico va a ser otro. :)


A pesar de todo lo anterior, en el tema medioambiental, ante un problema de una complejidad y alcance inmanejable, soy partidario del principio de precaución: de la conservación y del cuidado del entorno. Me parece temeraria y estúpida la irresponsabilidad individual, la dejadez de los gobernantes y la falta de consenso mundial al respecto.

Un par de artículos en Politikon donde entran en detalles sobre la disponibilidad de recursos:

Ultimátum a la Tierra (II): Recursos para la economía global

Ultimátum a la Tierra (IV): Comentarios a las respuestas

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