Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
8 Aug 2015  |  maldomao   BREVE         

Hace unos días JR Rallo, a raíz de la presentación de las propuestas educativas de Ciudadanos, escribía un artículo donde las analizaba, y posteriormente comparaba con el ideal liberal.

Un buen resumen en este párrafo que saco del artículo:

Las propuestas de Ciudadanos mejoran notablemente el sistema de educación público actual, caracterizado por su elevado coste y su muy baja calidad. Pero lo mejoran por un motivo esencial: porque lo acercan marginalmente a cómo funcionaría un sistema educativo libre. Sin embargo, esto mismo es lo que coloca a Ciudadanos en una posición ideológica más cercana a la de una socialdemocracia moderna (una socialdemocracia que acepta el fracaso de la planificación centralizada y que posee una visión favorable del mercado como mecanismo eficiente de asignación de recursos) que a la del liberalismo. Y es que lejos de querer devolverle la educación a la sociedad, pretenden retenerla en manos del Estado administrándola de un modo parecido a cómo creen que la gestionaría un mercado libre.

Posteriormente entra a explicar la visión liberal del asunto. Saco lo mejor:

El liberalismo promueve la libertad educativa no sólo por motivos de eficiencia, sino también por motivos éticos.

Los motivos éticos deberían ser evidentes: la libertad educativa es el marco dentro del que cada alumno puede formarse y desarrollar su pensamiento crítico sin verse coercitivamente adoctrinado por los valores y las ideas personales de los burócratas estatales o de las élites paraestatales que logran parasitar las estructuras administrativas. Todo alumno debería disponer de la libertad no ya para formarse en sus propios intereses personales y profesionales, sino para negarse a escuchar, estudiar y memorizar una catarata de argumentos que vayan en contra de sus convicciones morales. Al igual que veríamos descabellado que el Estado pudiera obligar a una persona a asistir todas las semanas a las ceremonias de una determinada confesión religiosa, tampoco deberíamos aceptar que el Estado pueda obligar a personas con un grado de madurez suficiente (o incluso con un grado de madurez insuficiente cuando así lo juzgan sus tutores legales) a someterse en contra de su voluntad a lo que él puede juzgar mero adoctrinamiento estatal.

Evidentemente no estamos afirmando que en un entorno de libertad educativa los estudiantes vayan a verse libres de la influencia de terceros: más bien estamos afirmando que nadie debería disfrutar del poder de obligar a todos los alumnos de un país a someterse a la doctrina que desee oficializar. O dicho de otra manera, se trata de que no exista un monopolio de la acreditación curricular manejado coercitivamente por el Estado, sino de que puedan aparecer múltiples instituciones que compitan entre sí por el prestigio de convalidar, orientar o diseñar las distintas etapas de formación de una persona (algo más parecido al modelo estadounidense de universidades que al español).

Los motivos de eficiencia coordinadora por los que el liberalismo defiende la libertad educativa no son, en muchos casos, demasiado distintos a aquellos que inspiran la propuesta de Ciudadanos. A la postre, la educación es un servicio más que debe ser proporcionado a sus usuarios (los estudiantes) y, por ello, padece dos problemas de coordinación básicos: problemas de información (qué, cómo, cuándo, dónde y a quién enseñar) y problemas de incentivos (cómo lograr que todos los agentes implicados en el sector de la educación se interesen continuamente por prestar el mejor servicio posible y por pensar en nuevas formas acerca de cómo mejorarlo).

El liberalismo, reconocida la inerradicable ignorancia del ser humano, propugna que el problema de información se resuelva mediante la competencia dentro del mercado: la competencia es un proceso de descubrimiento de los mejores modelos de organización, ya que combina las propuestas experimentales descentralizadas de múltiples instituciones educativas con la realimentación de los estudiantes al escoger unas (las que perciben mejores) y descartar otras (las que perciben peores). A su vez, dado que los centros que ofrezcan un servicio superior al resto serán los que atraerán a un mayor número de alumnos y los que cosecharán una mayor cantidad de beneficios, los propios centros estarán interesados en diseñar mecanismos internos que acicateen al personal a implicarse en la prestación de un servicio educacional de calidad (experimentando así diversas vías competitivas para solventar el problema de los incentivos).

La libre competencia, pues, termina alumbrando una pluralidad de ofertas educativas diversas que dinámicamente se van ajustando a las necesidades de los distintos perfiles de estudiante.

(...)

El sistema de escolarización forzosa no se cuestiona en sí mismo ni, lo que es más grave, se permite que sea cuestionado: las líneas maestras del modelo educativo decimonónico siguen en pie con poco más que un barniz de adaptación a los tiempos modernos. La verdadera competencia —aquella que promueve endógenamente innovaciones disruptivas que desplazan por entero los modelos de negocio anquilosados— ni está ni se la espera dentro del modelo educativo de Ciudadanos, pues el Estado no va a falsarse a sí mismo y tampoco parece probable que vaya a serlo desde fuera: en el programa de Ciudadanos no aparece ninguna propuesta significativa de liberalización de las rigidísimas regulaciones administrativas que actualmente maniatan la apertura y gestión de centros privados a todos los niveles educativos, impidiendo con ello las innovaciones disruptivas también en el sector privado.

HACER UN COMENTARIO: