Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
17 Jun 2014  |  maldomao   BREVE         

Me dejó afectado, incómodo emocionalmente (upset in english), esta entrada sobre cómo los conocimientos en neurociencia modifican nuestra visión del libre albedrío y la culpabilidad penal: El libre albedrio y la culpabilidad penal a la luz de la neurociencia | La Ciencia y sus Demonios

No es que sea una idea totalmente nueva, pero la contundencia de los casos que describe impresiona, perturba; y te lleva a meterte en este grave problema de justicia.

Otro ejemplo más de cómo la ciencia y el avance tecnológico lo van a cambiar todo; hasta en un ámbito tan alejado, a priori, como la justicia. Ya lo planteó brillantemente San Harris en su charla TED: la ciencia puede (y deberá) responder a cuestiones morales.

Saco las conclusiones (pero, como he dicho, los casos son de obligada lectura):

en la actualidad estaríamos pasando de la idea clásica del libre albedrío o de la culpa a la interpretación biológica del comportamiento humano en términos orgánicos. Todavía no tenemos las herramientas adecuadas para identificar todos los problemas y comprender en su totalidad como funciona nuestro cerebro, pero el escaso siglo de investigación neurocientífica realizado hasta ahora hace sospechar que gran parte de lo que en la actualidad llamamos simplemente comportamiento “anormal” puede tener bases biológicas desencadenantes, que bien pudieran ser corregidas o paliadas en el futuro una vez identificadas y estudiadas en profundidad.

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estaríamos decidiendo sobre la inocencia o culpabilidad de las personas en base a nuestro actualmente imperfecto conocimiento científico. Y como comenta Eagleman este problema se irá amplificando a medida que se sucedan los avances en el campo ya que

La tecnología seguirá mejorando, y a medida que aprendamos a medir mejor los problemas del cerebro, la línea se desplazará hacia el lado de la no culpabilidad: es decir, se adentrará en el territorio de los que ahora se consideran totalmente responsables. Problemas que ahora son impenetrables se podrán examinar gracias a las nuevas técnicas, y quizá algún día descubramos que hay ciertos tipos de mal comportamiento que poseen una explicación biológica, tal como ha ocurrido con la esquizofrenia, la epilepsia, la depresión y la obsesión. Hoy en día podemos detectar sólo grandes tumores cerebrales, pero dentro de cien años podremos detectar pautas a niveles inimaginablemente pequeños del microcircuito que corresponden a problemas del comportamiento… A medida que aprendamos a especificar cómo el comportamiento se origina en los detalles microscópicos del cerebro, más abogados defensores apelarán a los atenuantes biológicos, y más jurados colocarán a los acusados en el lado de la línea de no responsable. Un sistema legal no puede definir la culpabilidad simplemente por las limitaciones de la tecnología actual. Un sistema legal que declara a una persona culpable al principio de una década y no culpable al final de la misma no tiene muy claro qué significa exactamente la culpabilidad.

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Lo esencial del argumento es que los delincuentes siempre deberían ser tratados como personas incapaces de haber actuado de otro modo. La actividad delictiva en sí misma debería considerarse prueba de anormalidad cerebral, sin importar si en la actualidad se puede medir o no. Esto significa que el testimonio experto de un médico puede ser profundamente problemático: a menudo, dicho testimonio refleja sólo si en la actualidad poseemos nombres y medidas para los problemas, no si los problemas existen.

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