Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
26 Jan 2015  |  maldomao   BREVE         

El mayor peligro del populismo: que destruya la microeconomía sana

Muy buen artículo de Luis Garicano en El País a raíz de la previsible victoria de Syriza en Grecia -y su paralelismo con Podemos en España, claro.

Todo el mundo hablando de sus problemas macroeconómicos (que obviamente son mayúsculos) pero lo peor de que lleguen al poder este tipo de partidos es su potencial de destruir la microeconomía (la poca sana que hay), el sistema de precios -la información distribuida y los incentivos que indican a la gente a qué dedicarse: qué es lo que realmente valoran a los demás.

A estos grupos les va la planificación centralizada; crean una economía ficticia por intervenida que al final termina en pérdida de riqueza, en empobrecimiento.

Saco algunos párrafos aunque recomiendo leerlo entero:

Pero Syriza no es solo un partido interesado en hacer una política de gestión de demanda diferente; no es un partido socialdemócrata que aspire a conjuntar la gestión de la demanda agregada con el sistema de mercado, la economía social de mercado de la Europa occidental de la posguerra. Syriza, como otros partidos de extrema izquierda, desconfía instintivamente del mercado, y es un partido netamente estatista.

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El argumento de Hayek es el siguiente. El sistema de precios cumple dos funciones clave. La primera es conocida desde Adam Smith: da a los individuos los incentivos correctos para actuar por el “bien de los demás.”...La segunda función la describe por primera vez Hayek. Un sistema de planificación central nunca podrá tener la información local que tienen los distintos individuos. El sistema descentralizado de precios es la mejor forma de transmitir y coordinar el conocimiento local de cada individuo.

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El ejemplo parece remoto, pero existen en nuestras sociedades infinidad de áreas donde el sistema de precios no existe, ni la iniciativa privada. En la universidad española, por ejemplo, todos los profesores, los que trabajan mucho y los que no hacen nada, ganan prácticamente lo mismo. En este caso, contrariamente al panadero de Smith, sí que debemos esperar de la bondad de un profesor que de una buena clase, porque no hay ningún incentivo económico para que así lo haga. Y tampoco hay mecanismos que transmitan las preferencias, o el conocimiento local de los alumnos al sistema. Si una carrera no tiene demanda porque los estudiantes no la ven útil o interesante, en el mercado los precios caerían, y los profesores se reciclarían hacia otras áreas con mayor demanda. En esta economía centralizada, con precios y salarios fijados desde arriba, todo sigue igual.

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Syriza, y otros partidos similares que quieren abandonar las refomas, imaginan un maravilloso pasado estatista al que desean volver. En vez de tratar, como en los países del norte de Europa, de combinar la flexibilidad necesaria para que nuestras economías se puedan adaptar al cambio tecnológico con un sistema de protección social que dé seguridad a los ciudadanos, buscan enquilosar, proteger y regular. Más allá del impacto de Syriza a corto plazo sobre la deuda y el Euro, que puede ser dramático o no, dependiendo de cuánto adapten sus expectativas, su impacto mayor vendrá del olvido de una lección crucial: que el progreso que hemos conseguido en los últimos 300 años se debe a nuestra capacidad para inventar un mecanismo que canaliza toda la competitividad, toda la agresividad, todo el deseo humano de mejorar para uno mismo y su familia, en la dirección que beneficia a todos.

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