Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
13 Jun 2014  |  maldomao           

Recursos y valoración de las elecciones europeas

Aunque la actualidad política no me quita mucho tiempo -por lo vacía que está de sustancia-, la coyuntura actual española y europea le añaden algo de interés; no vaya a ser que pase algo gordo y estar informado sea clave para tomar las decisiones correctas en el momento adecuado (el ejemplo más extremo, espero, sería hacer las maletas).

Así que en esta entrada recojo algunos contenidos relacionados a los que llegué los días posteriores para mantenerme al día.

Empezamos con la buena noticia: la gráfica refleja bastante bien que el bipartidismo ha dejado de dominar ampliamente el arco electoral. Objetivo principal conseguido: que estos partidos se den cuenta de que no tienen carta blanca para parasitar el país como lo han hecho los últimos años.

El método 'Podemos'

La sorpresa de las elecciones ha sido el gran debut de la candidatura del partido 'Podemos'; que yo ni conocía hasta que vi los resultados de la elecciones.

Al portavoz, el mediático Pablo Iglesias, sí que lo había visto en la tele alguna vez. Después de la elecciones le escuche en una entrevista en LaSexta. Tiene cosas que me gustan: es muy buen comunicador, valiente y combativo y maneja bien el medio digital, decisivo en estos tiempos. Pero creo que tiene mucha fachada y poco fondo; por ejemplo, en un tema clave como la economía, no sale de los clichés de la izquierda radical; creo que el dogmatismo le lleva al ignorancia. (Aquí queda en evidencia cuando se enfrenta a un economista solvente -Daniel Lacalle)

Él afirma que no son sectarios, que están abiertos a debatir ideas y a que cualquiera participe. De hecho, Podemos se define como un método más que como un partido:

Es una idea atractiva y rompedora, pero dudo que sea viable la estabilidad de un partido gestado y desarrollado de esta manera: en plan democracia directa; todo el mundo tiene voz y voto todo el tiempo en la toma de decisiones (en teoría, veremos en la práctica). [JR Rallo escribió sobre esta cuestión: Castas viejas y castas nuevas | Juan Ramón Rallo]

De todas formas, es una innovación notable en el reaccionario entorno de la política; va a ser un experimento muy interesante.

Otra entrevista a uno de los futuros europarlamentarios de Podemos, el 'científico' Pablo Echenique-Robba, da la impresión de precariedad, inmadurez, poca consistencia en el programa del partido.

Este candidato -que parece con la cabeza bien amueblada: con buenos conocimientos de ciencia, apertura mental y espíritu crítico- contradice en sus declaraciones la mayoría de las consignas del partido relativas a los temas relacionados con la ciencia, y dice literalmente que ya los convencerá. También dice otras cosas interesantes:

En la izquierda algunas veces la gente se ha vuelto anticientífica. Yo creo que la gente que no forma parte del sistema científico percibe a la ciencia como parte del sistema, como si fuera la banca. No ven cómo operamos los científicos en este país, con bastante libertad y no tutelados por poderes económicos. Como la gente de fuera no lo sabe, piensan que forma parte del enemigo, del sistema económico que está montado. Por eso rechazan la autoridad de la ciencia de la misma forma que rechazan la autoridad del Fondo Monetario Internacional.

Como contrapunto, hay gente que cree que son una pandilla de ingenuos inofensivos para el poder. El otro día me encontré este agudo comentario en un blog:

A Pablito habría que que aplicarle sus propias palabras que usó en una tertulia…. “no es que sea mala persona, lo que es es profundamente ignorante”.

Si en los medios le han dado tanta cancha es porque no lo ven tan peligroso, más bien un tonto útil. Hay que tener en cuenta que “los ricos” están encantados con el personaje y sus seguidores. Son conscientes de que mientras toda esta indignación se canalice a través del aparato mafioso estatal, no hay de qué preocuparse. Lo que les daría cagalera sería alguien con un programa socialmente respaldado para DEVOLVER la libertad a la ciudadanía, acabar con los privilegios ( de unos y de otros ) y sentar las bases de la prosperidad…. un auténtico liberal, vamos…

Mientras las “soluciones” pasen por potenciar al Estado y tener contenta a las redes clientelares, la casta está sumamente tranquila, sabiendo que lo tienen todo controlado.

Para acabar con el repaso al nuevo panorama político español, Juan Ramón Rallo también es pesimista con el auge de esta izquierda radical/populista que los últimos días revindica el republicanismo: Ni monarquía ni república | Juan Ramón Rallo. Saco algunos párrafos:

Pero atendiendo a esa misma taxonomía aristotélica, es igualmente obvio que muchos de quienes ondean hoy la bandera de la república no están sino defendiendo lo que el Estagirita denominaba “democracia” y que hoy podríamos asimilar con una democracia popular o, mejor todavía, una democracia populista: a saber, un régimen político donde el poder estatal es conquistado por una determinada coalición electoral y utilizado para esclavizar al resto de ciudadanos.

El verdadero objetivo de estos nuevos republicanos que Aristóteles habría calificado de antirrepublicanos no es sustituir a un rey de paja por un presidente de paja, sino valerse del Caballo de Troya del republicanismo para socavar los muy escasos contrapesos constitucionales que contienen la omnipotencia estatal.

Por eso, de hecho, quieren abrir un nuevo proceso constituyente: no para erigir auténticas barreras institucionales que impidan que el Estado abuse de su poder tal como hoy lo está haciendo la casta oligárquica dominante, sino para terminar de derrumbarlas otorgándole un poder absoluto a la autocrática coalición electoral triunfante. En definitiva, España no se debate hoy entre una monarquía y una república, sino entre una oligarquía y una democracia populista.

...

Seguir repitiendo que las alternativas son o monarquía o república sólo sirve para viciar la discusión y ocultarles a los españoles la verdadera lucha de poder soterrada que está teniendo lugar: no se enfrentan dos sistemas políticos respetuosos con sus libertades, sino dos que pugnan por conculcarlas. Ni monarquía ni república: ahora mismo, u oligarquía o populismo. Y la obligación moral de todo ciudadano que no agache la cabeza y se conforme con seguir siendo un siervo debería ser la de combatirlas a ambas.

De Europa vienen malas noticias

Por último, pero no menos importante, -de hecho, para mí fue lo más impactante y triste de la jornada- en casi todos los países europeos el protagonismo se lo llevaron los partidos radicales (de ambos extremos) que coparon unas proporciones de votos preocupantes.

Para mí, refleja la parte más mezquina del ser humano, que sale a reducir cuando vienen mal dadas: cerrazón, nacionalismo/aldeanismo, mentalidad de escasez, mirada corta, etc, con el agravante de que es una actitud muy poco inteligente: es justo lo contrario de lo que se necesita para afrontar los retos de la economía global y del conocimiento. Un suicidio económico. Qué pena de continente.

Juan Ramón Rallo lo explica mucho mejor en este brillante artículo: El agónico ocaso de la sociedad abierta | Juan Ramón Rallo

Copio y pego casi todo:

...

No en vano, el fondo del discurso de las formaciones antiliberales que han ascendido con fuerza en casi toda Europa, y también en España, es idéntico: la honda aversión a la sociedad abierta y a sus valores de tolerancia, diversidad y voluntariedad. Desde el Frente Nacional en Francia azuzando el odio contra los inmigrantes a Syriza en Grecia avivando el odio contra los capitales extranjeros, pasando por los distintos grupos de extrema izquierda que han emergido en España, todos intentan asfixiar y reprimir con gran radicalidad los pocos recovecos de libertad que todavía no habían sido barridos por el consenso socialdemócrata que ha gobernado Europa desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Pero su ascenso no se debe a que los liberales se hayan quedado en casa, sino a que apenas existen. La mayoría de europeos no piensan sustancialmente distinto hoy que hace diez años; el núcleo de sus ideas sigue siendo el mismo: la diferencia es que hace diez años tenían el estómago lleno y hoy no, con lo que han optado por declinar su apoyo a la tecnocracia y abrazar partidos ideológicamente afines pero más radicales.

Así las cosas, el liberalismo lo tiene harto complicado en Europa: las ideas liberales han sido absolutamente barridas de la escena política durante el último medio siglo, machacadas por el consenso socialdemócrata erigido en torno al dadivoso y corruptor Estado de Bienestar. Reconstruirlas no es cuestión de años, sino de décadas: y décadas es justo de lo que carece este Viejo Continente. Pues es viejo en el peor sentido del término, a saber, cortoplacista, mortecino y sin ilusión por el futuro; la tentación del antiliberalismo es justo la de consumir el capital acumulado durante generaciones en Europa, cual tercera generación de nuevos ricos que dilapida la fortuna familiar: una creciente generación de jubilados que tan sólo aspiran a seguir cobrando su pensión garantizada por el Estado y una menguante generación de jóvenes desanimados y sin aspiraciones cuya opción más racional es deglutir políticamente el capital legado por sus padres.

El riesgo, aclarémoslo, no es el de una revolución convencional, que a nadie interesa: el riesgo es el de apuntalar y reforzar el actual régimen extractivo con un legitimador barniz de regeneración democrática. Un sofisticado chavismo a la europea que renueve la arena del circo y vuelva a repartir pan a costa de nuestra libertad presente y prosperidad futura. Los partidos mayoritarios han claudicado a la hora de combatir ideológicamente esta senda de degeneración estatista: en esencia, porque el fondo de su discurso es el mismo. Su esperanza por conservar la poltrona pasa por que la recuperación económica se intensifique y la radicalización de los movimientos antiliberales se modere: pero cuanta más fuerza cobre la radicalidad antiliberal, menos bases quedarán para una recuperación sostenible y no sufragada mediante el expolio y la destrucción generalizada de capital (impagos, devaluaciones, inflaciones, controles de capitales, aranceles, incrementos de impuestos…).

Una pescadilla que se muerde inquietantemente la cola y ante la que los liberales sólo nos queda ofrecer una numantina resistencia ideológica que bregue tanto contra el socavado consenso socialdemócrata cuanto contra las energizadas excentricidades filofascistas y filocomunistas. Eso y, una vez superado el límite personal que razonablemente le impongamos al heroísmo, el exilio.


ACTUALIZACIÓN: Me ha gustado un intercambio de comentarios del artículo anterior, los copio y pego:

Un tal Harold tilda de exagerado a Rallo por su artículo, y a los liberales en general. Es la sensación que tengo yo a veces; pero soy consciente del contexto mental en el que hemos estado instalados toda la vida y puede ser esa la causa, puede que no haya razones objetivas. Este es el comentario:

En general creo que en temas políticos los libertarios sóis muy exagerados. Lo primero decir que la socialdemocracia es una ideología que pretende un paso reformado del capitalismo al comunismo. Que yo sepa, tras la Segunda Guerra Mundial la mayoría de partidos socialdemócratas renunciaron al socialismo científico y apoyaron el capitalismo “de rostro humano”, el cual era simplemente una economía social de mercado, por lo cual sería más correcto llamarles social-liberales, ya que no ponían en duda el capitalismo.

Por otro lado, uno de los diseñadores del Estado del bienestar fue Keynes, un afiliado al Partido Liberal y capitalista hasta las trancas, por mucho que ciertos liberales dogmáticos le llamen socialista, simplemente porque ponía en ciertos momentos aquello de “el mercado proveerá”.

Ademàs, eso de pintar Europa como si fuese un bastión antiliberal o la nueva Unión Soviética me recuerda al descerebrado de Schwarzenegger diciendo que Austria era un país socialista. Hasta donde yo sé, en los objetivos de la Unión Europea está la economía social de mercado y el capitalismo junto con el Estado del bienestar, cosa que a mí me parece social-liberal o si lo preferís socialdemócrata, no una nueva Cuba.

Por último decir que estamos en una sociedad de clases medias, y por lo tanto, las opiniones políticas son muy parecidas entre la mayoría de ciudadanos. Todos apoyamos el capitalismo como sistema económico, todos apoyamos el Estado del bienestar como garante de la cohesión social, todos apoyamos la democracia como el menos malo de los sistemas, y sólo hay disidencias de grado (unos son más conservadores en lo social, otros apoyan bajar impuestos a cambio de reducir un poco la asistencia social, etc). Es por eso que en el sistema democrático, veo poco menos que imposible que un partido comunista, fascista o libertario consiga nada reseñable salvo situaciones de extrema necesidad como ésta. No nos engañemos, la crisis acabará, los fascistas y comunistas se diluirán en las elecciones y la gente volverá a votar a partidos de centro-derecha, centro o centro-izquierda, todos defensores de le que es Europa desde la Segunda Guerra Mundial

PD: Europa es probablemente el continente con mejor calidad de vida para todos sus ciudadanos, se respetan los contratos y hay libertad para abrir negocios (en algunos países menos que en otros, desgraciadamente). La socialdemocracia no tiene nada de criminal, es simplemente un capitalismo con asistencia social, nada más. Esto no es Venezuela.

Rallo le responde sucinta pero de forma muy convincente:

Harold,
1) Lo que llamas social-liberales es lo que yo llamo socialdemócratas.
2) El Partido Liberal de Keynes ya no tenía nada de liberal. Y las ideas políticas de Keynes daban miedo: http://www.ilustracionliberal.com/51/el-programa-politico-de-keynes-juan-ramon-rallo.html
3) Yo no miro a Europa como la Unión Soviética. De hecho, creo que lo dejo claro: “El riesgo, aclarémoslo, no es el de una revolución convencional, que a nadie interesa: el riesgo es el de apuntalar y reforzar el actual régimen extractivo con un legitimador barniz de regeneración democrática. Un sofisticado chavismo a la europea que renueve la arena del circo y vuelva a repartir pan a costa de nuestra libertad presente y prosperidad futura.”
4) La opción de normalización socialdemócrata que trazas es factible. El problema es qué sucederá si se retrasa lo suficiente como para que estas opciones desplieguen su modelo hiperextractivo.
5) La socialdemocracia no es capitalismo asistencial. Si fuera asistencial, el Estado no coparía el 50% del PIB, sino el 5%-10%. Es una opción de control y dirección del ciudadano.

Otro liberal, samuelgallop, responde de forma menos educada pero sus argumentos son interesantes:

@Harold,

A muchos os ocurre que no sois capaces de ver las contradicciones aunque éstas os golpearan la cabeza.

Socialismo y capitalismo son ANTITÉTICOS. No existe tal cosa como un capitalismo con “estado del bienestar”. En la medida que se incrementa la intervención estatal en los asuntos privados, el capitalismo se va a hacer gárgaras y viceversa.

Cuando dices que todos apoyan el capitalismo no sabes de qué hablas. La inmensa mayoría de la gente no es consciente de lo frágil que es el proceso productivo capitalista que pone bienes y servicios diariamente en sus mesas. No entienden que sin libertad no hay creatividad, sin creatividad no hay producción acorde con las necesidades de la gente, sin producción no hay ahorro y sin ahorro no hay acumulación de capital y mayor productividad. Debido a esa ignorancia, son capaces de recomendar todo tipo de actuaciones que en realidad cortocircuitan ese circulo virtuoso de prosperidad hasta que un día se levantan en medio de un erial habiendo consumido el capital que sus mayores consiguieron ahorrar.

Socialismo y Capitalismo no pueden convivir. El uso de la fuerza ( medios políticos ) es incompatible con la libertad ( medios económicos ) y las patrañas como la “economía social de mercado” son equilibrios inestables, situaciones transitorias hasta que la primera crisis hace florecer el populismo y éste acaba con todo…. Reset y vuelta a empezar.

El sistema democrático no es garante de nada. No es más que una violencia incruenta. En Venezuela ( como recuerda Pablito Iglesias ) gobernó Chavez y ahora gobierna Maduro porque así lo decidieron las urnas. A Hitler lo “legitimaron” unas elecciones. Pensar que una masa social aborregada por años de adoctrinamiento estatal, obcecada en el relativismo moral, pastoreada por ignorantes bienintencionados ( la peor clase ) va a tener la sana intuición de alejarse de la senda del totalitarismo cuando tienen hambre, es confiar demasiado.

Yo desde luego no comparto tu acto de fe.

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