Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
26 Jun 2014  |  maldomao   BREVE         

Interesante, como siempre, este artículo de Xavier Ferrás donde describe las causas de por qué en España no avanzamos hacia una economía moderna basada en la innovación y el conocimiento.

La idea que más me llama la atención es su convencimiento de que es necesaria una política industrial, y el papel clave de la administración en la financiación y construcción de un sistema solido de innovación.

Como él mismo reconoce, esta afirmación contradice la opinión de muchos empresarios, emprendedores y economistas (sobretodo liberales) que confían en la iniciativa privada.

Sacó los dos puntos al respecto:

1. Porque la economía del conocimiento precisa un sólido substrato industrial. Durante años se ha despreciado la actividad industrial y se ha considerado que la mejor política industrial era la que no existía. Al fin y al cabo, los mercados eran inteligentes. Por ello su asignación de recursos maximizaba el retorno en el corto plazo, y se centraba en sectores especulativos (finanzas, construcción). Además, hemos vivido en un espejismo (y lo seguimos haciendo). Hay una nueva fiebre puntocom. Miles de chavales jóvenes intentan montar su negociete por internet (de nuevo, 15 años después, se repite el error). Ventas on-line, que no generan valor agregado, webs de intermediación de servicios o similares. Mientras el mundo se reindustrializa, nosotros asistimos complacientes a una tímida salida de la crisis, con un modelo competitivo de bajo coste, adornado por algunos espejismos de emprendimiento. Y, si les pedimos a los empresarios más representativos de nuestro tejido económico, nos dirán que “no es necesario que la administración haga nada”. Al fin y al cabo, los mejores empresarios de estas lares (creadores de grandes negocios de construcción, inversión, distribución, o servicios) jamás han necesitado políticas industriales, precisamente porque no son de sectores industriales.

...

4. Porque existe la creencia de que todos los buenos proyectos encontrarán financiación en el mercado. Falso. ¿Qué son los “buenos” proyectos? El mercado optará por proyectos de máximo retorno en el corto plazo. Cientos de proyectos disruptivos están huyendo hacia ecosistemas innovadores más generosos, desesperados por la falta de recursos financieros. Las decisiones del mercado no tienen por qué estar correlacionadas con la competitividad nacional en el largo plazo, ni con la construcción de un sólido sistema nacional de innovación, ni el desarrollo de una industria basada en conocimiento. Parece que no aprendemos. Si dejamos al mercado solo, volveremos al auge de la construcción y de los productos financieros especulativos. ¡Ah sí! Y, en todo caso, siempre podemos decir al joven emprendedor que no encuentra quien le escuche (especialmente si su proyecto es de base científica) que “su mercado es el mundo”. Es decir, que se vaya. Que busque inversores en Boston, Tel-Aviv o Seúl… Big thinking. Gran solución. Con una salvedad: el problema de empleo lo tenemos aquí, no en Boston, ni en Tel-Aviv, ni en Seúl

Esta vez discrepo con varias afirmaciones que hace:

Afirma que se ha despreciado la actividad industrial, pero él desprecia el resto de sectores; algunos tan importantes como los servicios y la economía digital. Me extraña del autor, pero creo que es falta de visión: la digitalización de la economía es imparable (la realidad virtual de verdad ya está aquí), y eso, con el tiempo, creo que reducirá el volumen de la economía material (per cápita).

Desdeña la aportación de valor de lo intangible; creo que es otro error notable. Por ejemplo, decir que las tiendas online o las web de intermediación no generan valor. Nos ahorran tiempo y reducen los costes de transacción; eso tiene mucho valor; que ese valor no se registre en el precio o en el PIB no quiere decir que no exista. Este es uno de los temas (innovación de eficiencia) más interesantes que suscita la economía digital, sobre el que tengo pendiente leer, reflexionar y escribir.

Tampoco me gusta su enfoque sobre la financiación: como si sólo existiera la financiación tradicional. Gracias a la tecnología digital y a la fiebre puntocom que minusvalora, están naciendo nuevas formas de financiación como el crowdfunding y el crowdinvesting que están mejorando las cosas radicalmente.


ACTUALIZACIÓN: Me he dado cuenta que Xavier Ferrás escribe el artículo desde una perspectiva muy nacional; de buscar la riqueza y el progreso para un territorio particular (en este caso España), y no general y aplicable aquí que es lo que me interesa, y desde esas coordenadas las afirmaciones que cuestiono pueden tener más sentido.

Para mí, lo importante es el cambio de mentalidad, cultural y educativo respecto a la innovación y la creación del valor; y preferiría que fuera un proceso social espontaneo -al que intento contribuir dentro de mis posibilidades. No tengo claro el coste/beneficio de la intervención de las administraciones en este sentido.

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