Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
23 Jun 2015  |  maldomao   BREVE         

Me gustó la reseña de Ignacio Moncada sobre el libro de Rallo 'Contra la renta básica' que quiero leer -sobre todo por la exposición y comparación de las diferentes filosofías políticas. Esto es lo que dice en el artículo al respecto:

Rallo llega a la conclusión de que todas las razones esgrimidas desde tan variados puntos de vista para justificar la redistribución coactiva de la renta carecen por completo de una fundamentación filosófica sólida. En algunos casos por ser internamente contradictorias. En otros, por conducir a conclusiones absurdas. Pero en todos ellos por una característica común: que no consideran a todas las personas como sujetos éticos iguales, con el mismo derecho a emprender y desarrollar sus pacíficos planes vitales, sino que asumen que los planes de unos individuos deben prevalecer sobre los de otros mediante el uso de la coacción estatal. Consideran que los fines y las preferencias de unos determinados individuos o grupos pueden ser impuestos sobre los de otros en contra de su voluntad. Dicho de otro modo, consideran a algunas personas no como fines en sí mismas, sino como medios para que otros alcancen sus metas particulares.

En el libro, el autor defiende el liberalismo como la filosofía política más adecuada para la vida en sociedad, para la coexistencia armoniosa de individuos con diversidad de fines, modos de vida, creencias y concepciones de la buena vida. El liberalismo parte de que todas las personas son sujetos éticos iguales y de que las normas de convivencia deben ser universales, simétricas y funcionales. Ello resulta en los tres principios de justicia del liberalismo que en detalle se desarrollan en el libro: el principio de libertad, el de propiedad y el de voluntariedad contractual. Y bajo estos principios de justicia, demuestra Rallo, la renta básica no tiene justificación posible.

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