Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
22 Oct 2016  |  maldomao           

Sobre la compatibilidad del feminismo con los valores liberales

El otro día JR Rallo escribía en Facebook su visión sobre la compatibilidad entre feminismo y liberalismo a raíz de un debate que se había producido en la red esos días; muy interesante, extraigo el texto:

El liberalismo se fundamenta en la igualdad jurídica de las personas con respecto a tres derechos fundamentales: libertad, propiedad y contratos (algunos liberales pretenden reducir todo derecho al de propiedad: no es un debate relevante ahora mismo porque mi argumento es compatible con esa corrección). Por consiguiente, todo feminismo que reclame la igualdad jurídica de la mujer con el hombre con respecto a esos tres derechos es absolutamente complementario con el liberalismo (de hecho, todo liberal abraza la reivindicación de la igualdad jurídica de todas las personas con independencia de su sexo).

En la actualidad, en la mayor parte de Occidente las mujeres ya han alcanzado la igualdad jurídica con los hombres en esos derechos fundamentales. La mayor parte del movimiento feminista actual aboga no por una reforma del Estado, sino por una reforma de la moralidad y de los hábitos sociales con respecto a ciertas prácticas de segmentación/discriminación por sexo entre las personas.

En principio, que una persona o un grupo de personas traten de participar en el debate público para persuadir al resto de que sus valores morales son los más correctos es perfectamente compatible con el liberalismo: por tanto, un feminismo que buscara influir sobre la moral privada de la mayoría de personas a través de medios no violentos es compatible con una sociedad liberal. Ahora bien, dentro de este tronco de feministas que pretenden influir sobre la moralidad privada conviene distinguir dos subgrupos:

1) Aquellas feministas que pretenden alterar la moralidad privada a través del intervencionismo estatal (legislación de discriminación positiva). Esta postura sí es contraria al liberalismo por cuanto conculca los derechos fundamentales de las personas.

2) Aquellas feministas que pretenden alterar la moralidad privada por medios voluntarios y, además, para corregir las secuelas heredadas de cuando la mujer no disfrutaba de igualdad jurídica con los hombres. Esta postura no sólo es compatible con el liberalismo, sino diría que muy amigablemente complementaria.

Un principio de justicia liberal que se suele olvidar muchas veces es el de reparar el daño causado. Si alguien viola los derechos de otra persona, no basta con que deje de violarlos: debe compensarlo por el daño causado. Si los Estados violaron los derechos de las mujeres y contribuyeron a generar una moralidad discriminatoria con las mujeres, no basta con detener la agresión: hay que reparar, o compensar en la medida de lo posible, el daño causado.

Para muchos, esa compensación del daño causado pasa por la legislación de discriminación positiva: los privilegios presentes compensan las injusticias pasadas. El problema de la legislación de discriminación positiva es que es incapaz de individualizar víctimas y verdugos, de modo que puede generar nuevas víctimas entre quienes no tienen responsabilidad alguna así como generar muchas receptoras de compensación que no la merezcan: es una legislación injusta y antiliberal porque conculca los derechos básicos de muchas personas inocentes. Ahora bien, justo porque ese instrumento no es admisible para un liberal, por necesidad deberá valorar positivamente (no neutralmente, sino positivamente) aquellos mecanismos dirigidos a reparar o compensar parcialmente el daño causado sin recurrir a la violencia.

En este sentido, el activismo feminista de corte liberal que algunos han reclamado durante los últimos días (tratar de influir sobre las percepciones personales mediante la persuasión y no mediante la violencia para acelerar la desaparición de algunas de las inercias discriminatorias heredadas) constituye una vía perfectamente válida y razonable para poner en práctica el muy liberal principio jurídico de la reparación del daño causado. De hecho, aquellos liberales que se oponen frontalmente al mismo deberían explicitar qué alternativas existen para reparar/compensar ese daño por medios voluntarios: o, en su caso, por qué creen que ese muy cierto daño histórico debe quedarse sin ningún tipo de reparación.

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