Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
21 Mar 2017  |  maldomao           

Entendiendo Bitcoin (I) (trilogía de Francisco Capella)

Uno de los mejores recursos que he encontrado para empezar a entender el fenómeno bitcoin es la triada de artículos de Francisco Capella: Bitcoin (I), Bitcoin (II) y Bitcoin (y III).

Me parece muy interesante su visión sobre bitcoin porque no viene del mundo tecnológico o del hacking sino que es un experto en teoría monetaria y en fenómenos sociales en general, pero además tiene conocimientos sólidos sobre computación e innovación tecnológica, cosa de la que carecen muchos opinadores del area de la economía.

El primer artículo es principalmente descriptivo, pero en el segundo y el tercero da su visión sobre aspectos opinables y controvertidos de este fenómeno social emergente. Hay que tener en cuenta que estos artículos fueron escritos en 2013 y por el momento su visión se está cumpliendo.

Copio y pego lo mejor de los tres artículos (que es casi todo).

Empieza con un poco de teoría monetaria:

El dinero es el bien más líquido o de valor más invariante o estable en una economía, y cumple tres funciones: medio de intercambio, depósito de valor y unidad de cuenta; estas tres funciones pueden ser más o menos separables o realizables con otros bienes sustitutos o complementarios. Para cumplir estas funciones el bien concreto que se utiliza como dinero debe tener ciertas características: persistente, fácil de almacenar y transportar (valor denso), divisible, homogéneo, reconocible, difícil de falsificar.

El dinero como institución es un patrón repetitivo de conducta interpersonal, un modo de interacción pautada que sirve como referencia estable compartida y que permite la coordinación social: los individuos usan dinero porque saben que los demás también lo hacen. La principal utilidad y fuente de valor de dinero es un intangible cognitivo colectivo: el hecho de que esté de la misma forma en las mentes de todos los miembros de una comunidad (como el lenguaje y el auténtico derecho).

Sigue con una descripción básica del sistema y su funcionamiento:

Bitcoin es un sistema informático distribuido a nivel global, protegido por técnicas de criptografía, que representa un sistema monetario y de pagos. Es una base de datos descentralizada que incluye una moneda digital virtual, cuentas de usuario, y mecanismos integrados de producción y transferencia del dinero para realizar pagos y cobros. Funciona sobre ordenadores (o equivalentes como teléfonos inteligentes) conectados a Internet, con un código abierto gratuito (sin costes por patentes ni derechos de propiedad intelectual), y protocolos entre iguales (es una red en la cual en principio todos los nodos son equivalentes, sin jerarquías). El hecho de que el código sea abierto o público permite comprobar sus características: no tiene trampas o puertas de atrás, y no es ninguna estafa (un fraude piramidal). Los cambios del protocolo y el sistema sólo son posibles con el acuerdo generalizado de la comunidad de usuarios, no es algo manipulable por unos pocos.

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Bitcoin no tiene ningún emisor central de dinero. Las unidades monetarias se producen o crean a una velocidad decreciente (ajustando de forma automática la dificultad de la tarea necesaria y reduciendo su recompensa) hasta alcanzar un tope máximo de 21 millones. Cada unidad es divisible en cien millones (ocho decimales, ampliable en el futuro si fuera necesario), y todas son homogéneas y fungibles. Debido al diseño lógico del sistema, es imposible falsificar bitcoins.

Se asignan inicialmente a los mineros que prestan servicios informáticos de gestión, seguridad y auditoría de la red: la minería es una función abierta (cualquiera puede ser minero) y altamente competitiva; implica asumir costes reales (procesadores, electricidad, comunicaciones), utilizar potencia de cálculo de forma muy eficiente para, mediante tareas matemáticas predefinidas (prueba de trabajo), recolectar y agrupar información de transacciones en bloques, confirmar su validez e integridad (que no haya conflictos, incoherencias o doble gasto), y actualizar la estructura de datos (la cadena de bloques) distribuida por toda la red.

Las transacciones se verifican y almacenan en el registro público compartido de forma segura porque, una vez comprobadas, su alteración deshonesta se vuelve progresivamente más difícil: para modificar un bloque hay que recalcular todos los siguientes; es imposible cambiar las transacciones comprobadas sin realizar más trabajo de cálculo que todo el resto de la red de forma conjunta.

Cuanto más extendida está la red y más potencia de cálculo tiene, más difíciles son los ataques: el sistema está diseñado para que los ataques sean muy difíciles y no merezcan la pena porque protegerlo resulta más rentable. Es posible robar a usuarios o empresas individuales sin la seguridad adecuada, pero no destruir el sistema.

Su naturaleza como moneda y sistema monetario

Los envíos de dinero son irreversibles, y no hay ningún organismo que regule y vigile a los participantes en el sistema

Bitcoin no es moneda de curso legal: no depende de ninguna jurisdicción soberana ni se impone su uso o aceptación a nadie. Los bitcoins no son deuda definida en términos de otras entidades: no están respaldados por ningún activo, no dan derecho a exigir nada, no son pasivos de nadie; en este aspecto son como el oro (cuando se le permitía ser dinero), y no como los billetes o depósitos bancarios.

Bitcoin no tiene ninguna autoridad central monopolista productora, reguladora, controladora o supervisora en la cual los agentes deban confiar y de la cual dependan para su buen funcionamiento, lo que no es ningún fallo sino una virtud. No hay ningún riesgo de contrapartida en este sentido: no hay ningún banco central que tome medidas discrecionales sobre la cantidad de dinero, ni tampoco intermediarios como bancos que gestionan cuentas de clientes, o almacenes o transportistas de dinero, que pueden tener averías, cometer fraude, ser robados, o sus cuentas y fondos bloqueados o confiscados por el gobierno. Su estructura en red de iguales, sin puntos de fallo único cuyo mal funcionamiento dañe a todo el sistema, y sus procesos de modificación y verificación mediante consenso distribuido (por mayoría de capacidad de cómputo), lo hacen muy robusto ante fallos técnicos y de confianza.

La relación entre bitcoin y la privacidad financiera es compleja y problemática. El anonimato es potencial pero no está garantizado. El historial de todas las transacciones queda guardado permanentemente en el registro de datos y es accesible de forma pública. El sistema es anónimo porque el usuario no necesita proporcionar ningún tipo de información personal: su clave pública es una larga cadena alfanumérica (con letras y números); pero el anonimato puede perderse si esta información se divulga de algún modo (intencionalmente, como al ligarlo a una cuenta bancaria o a algún pago concreto, o por algún descuido), o mediante análisis estadísticos de la estructura y las operaciones de la red.

Sus propiedades como dinero

Un sistema informático bien diseñado puede ser un buen dinero. Bitcoin tiene algunas excelentes características de buen dinero y es peor en otras en comparación con las monedas alternativas existentes: sin embargo las que tiene buenas las va a mantener porque son atributos técnicos inmutables, y en las otras probablemente sólo puede mejorar, y mucho, conforme se generalice su uso.

Los bitcoins son persistentes (mientras se conserve su información), divisibles, homogéneos, reconocibles, e infalsificables. Son muy fáciles y baratos de almacenar y transferir con alcance universal: la transacción es instantánea, pero su validación por la red lleva un breve tiempo (menor si se acepta pagar una pequeña comisión). Si se dispone de ordenador y conexión informática (algo cada vez más habitual para múltiples usos), sólo es necesario aprender a usar el sistema y gestionar su seguridad, algo que no es demasiado complicado, y los costes de transacción marginales son ínfimos.

El hecho de que bitcoin esté basado en ordenadores puede fomentar los ataques informáticos para apoderarse de las claves privadas (robar los bitcoins) y controlar capacidad de cómputo ajena para la minería (ordenadores esclavos), pero igualmente puede servir para fomentar medidas y cultura de seguridad informática. La criptografía utilizada por bitcoin es tan segura como la que utilizan bancos y estados en la actualidad, y además es adaptable a futuros incrementos de la potencia de cómputo (por ejemplo por computación cuántica).

El bitcoin no sólo es dinero (en la medida en que es usado como tal), sino que es dinero intrínsecamente conectado a una red de transacciones, es un sistema monetario y de pagos integrado: en este sentido se parece a los depósitos bancarios monetizados, pero sin ser deuda y sin los problemas de confianza asociados a los bancos. Es muy útil para micro pagos o donaciones, y para envíos de remesas o pagos entre países, porque no hay costes de transacción en forma de comisiones.

Bitcoin como posible burbuja

Algunas personas están preocupadas por la posible inestabilidad o carácter de burbuja del sistema bitcoin: según ellos, como es una entidad virtual sin valor de uso, industrial o intrínseco, que ha surgido de la nada y no tiene ningún respaldo material (no es deuda sobre un activo tangible), puede fácilmente volver a la nada; puede ser una moda o un sistema frágil del cual la demanda desaparecerá de repente y colapsará su valor hasta prácticamente cero.

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El valor de bitcoin podría ser una burbuja pero no tiene por qué serlo. Si bitcoin fuera una burbuja sería muy diferente de otras y merecería un análisis propio: los estudios o ejemplos de otras burbujas tal vez no le sean aplicables. Bitcoin no es como un activo financiero del que se esperan unos rendimientos o dividendos futuros que tal vez no se materialicen, ni una mercancía ordinaria con la cual se especula (como un tulipán), y no parece una moda pasajera; tampoco es como las divisas ya establecidas que pueden oscilar al ritmo de sus economías, políticas y bancos centrales, ni como una divisa nueva impuesta por un Estado a todos sus súbditos (normalmente como sustitución de una anterior).

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El teorema regresivo del dinero no tiene por qué ser una verdad absoluta, sino una posibilidad histórica muy generalizada necesitada de interpretación. Se podría entender que los usuarios iniciales de bitcoins los adquieren como un bien de coleccionista, o como un juego, o como señales de pertenencia a un determinado grupo o movimiento, o por el deseo de participar en un proyecto innovador de repercusiones potencialmente enormes. O que el bitcoin inicial es un dinero imperfecto que gradualmente va mejorando.

El que un bien tenga una demanda no monetaria ayuda a que se monetice al tener un valor conocido y generalizado de partida. Un bien que se crea directamente para que funcione como dinero obviamente no puede tener demanda no monetaria previa, ya que antes ni siquiera existía; pero su valor puede averiguarse y estabilizarse progresivamente mediante aproximaciones sucesivas en procesos de prueba y error; esto sería muy difícil en sociedades primitivas con escasa capacidad para transmitir y procesar información, pero es más factible en sociedades modernas con gran capacidad de hacerlo.

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Bitcoin es una entidad especial, prácticamente única en la historia: un bien económico intangible sin uso previo, que surge de una invención puntual y un pequeño núcleo inicial de usuarios, y cuyo uso podría popularizarse y extenderse hasta convertirse en un dinero de alcance universal (no necesariamente el único); si esto sucede su revalorización será muy rápida y su valor actual será ridículamente bajo (calcúlese la futura valoración considerando libremente el número de usuarios potenciales y el poder adquisitivo de los saldos de tesorería deseados). Cuanto más generalizado esté su uso mayor será su demanda y su valor, pero esto no implica que si no llega a universalizarse como dinero su valor será cero o cercano a cero.

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Además de que el colapso de bitcoin es progresivamente menos probable, conviene estimar qué pérdidas habría si sucediera: se verían afectados los saldos de tesorería (normalmente una proporción muy pequeña del patrimonio de quienes sólo quieran usarlo como medio de intercambio) y los activos fijos denominados en bitcoins. Los principales perjudicados serían los especuladores o quienes lo usaran como depósito de valor.

¿Por qué es valioso? ¿Cómo crea valor?

El hecho de que los bitcoins sean abstracciones inmateriales no hace que su valor fundamental sea nulo: que no tengan valor de uso es poco relevante si se trata de una institución sólida. Los bitcoins son valiosos y su precio no es cero porque son útiles y escasos aunque sean virtuales: otros objetos en mundos virtuales o juegos de rol en Internet también tienen precio positivo. Su comunidad de usuarios tiene un núcleo original probablemente muy fiel y comprometido, constituido por activistas tecnófilos expertos, usuarios de informática interesados en códigos abiertos y redes entre iguales, y liberales opuestos a la coacción estatal. Conforme su número de usuarios crezca bitcoin será progresivamente más valioso.

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Bitcoin como idea y como sistema que la implementa tiene valor instrínseco por los servicios que presta: no es lo mismo que exista que que no exista. Si su uso se extiende y estabiliza puede llegar a convertirse en una institución, en algo que está en la mente y en la práctica habitual o acostumbrada de muchos agentes de forma común y recursiva: todos saben que los demás saben sobre la institución, y la usan de forma rutinaria y coordinada sin mucho esfuerzo y sin pensarlo demasiado. Una vez formadas, las instituciones tienen un enorme valor individual y social y pueden ser muy resistentes, presentar una fuerte inercia.

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Los procesos de monetización y desmonetización de una entidad son muy diferentes. Igual que la vida surge de la no vida, pero una vez que se establece es resistente porque su característica esencial es su actividad de automantenimiento y preservación, la monetización de bitcoin y su eventual desmonetización o abandono no son procesos simétricos sino profundamente asimétricos: renunciar a usar bitcoins una vez establecidos como dinero sería abandonar una institución que funciona eficientemente y todos sus beneficios, lo cual sólo tendría sentido si existieran alternativas mejores; quien quiera reducir o terminar su participación en el sistema necesita una opción que sea mejor, y además está ofreciendo a otros la oportunidad de hacerlo a mejor precio.

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Los dineros fiat impuestos coactivamente por los estados tampoco tienen ningún valor de uso: el Estado puede sostener parte de su valor por la exigencia de su uso para el pago de impuestos, pero su utilización generalizada para otras transacciones depende sobre todo de la existencia o no de alternativas competitivas. Mediante la inflación el Estado provoca pérdidas sistemáticas a los tenedores de dinero y activos fijos, y una mala gestión monetaria y crediticia puede provocar hiperinflación y el repudio de la moneda; en bitcoin no hay organizadores tentados de emitir más moneda por su cuenta y en su propio beneficio, simplemente porque el sistema no lo permite. El colapso del Estado emisor de un dinero fiat prácticamente garantiza la pérdida total del valor del dinero respaldado por su poder coactivo; bitcoin no está basado en la coacción ni depende de una entidad central cuyo fallo lo destruya.

Bitcoin como sistema crediticio

Bitcoin es compatible con un sistema crediticio no anónimo ya que permite el anonimato pero no lo exige. Un sistema crediticio puede funcionar de forma parcialmente anónima, con mecanismos de reputación basados en identificadores o alias que no proporcionan información sobre la identidad real del agente. Además el anonimato entre acreedor y deudor no es simétrico: el acreedor necesita conocer la solvencia del potencial deudor y si es necesario localizarlo para exigirle el pago o las garantías; el deudor no siempre necesita saber quién es su acreedor (deuda al portador o negociable en mercados secundarios; cuentas numeradas en bancos que respetan el anonimato financiero), este sólo debe poder demostrar que lo es para exigir el pago.

Competencia de otras cripto-monedas

Es posible crear nuevas monedas paralelas parecidas a bitcoin (que ya existen aunque a mucha distancia en extensión y valor de mercado), ya que es un código abierto modificable por cualquiera; pero tendrán el problema de su popularización, y en eso bitcoin les lleva una ventaja inicial difícil de recuperar debido a los mecanismos de realimentación positiva de los procesos de monetización. La creación de múltiples monedas virtuales no va a generar hiperinflación.

Opinión sobre su potencial, puntos débiles, fortalezas, evolución, poder adquisitivo, etc:

Cuando su valor se estabilice o al menos sea predecible (su número intrínsecamente limitado podría provocar una suave deflación secular), podrá servir además como competencia para disciplinar a las inflacionistas divisas estatales y a los sustitutos monetarios bancarios poco fiables y desestabilizadores (depósitos a la vista de bancos con descalces de plazos y riesgos).

Bitcoin es una tecnología potencialmente disruptiva, una plataforma para la innovación que puede alterar de forma fundamental toda la oligarquía del sistema monetario y de medios de pago, volviendo obsoletas o poco competitivas las opciones existentes. El sistema realiza funciones semejantes a la gestión de cuentas corrientes, pagos, transferencias, giros y remesas de bancos, compañías de crédito y otras empresas equivalentes, todos ellos potenciales enemigos que pueden intentar frenar o destruir bitcoin si no consiguen dominarlo. Bitcoin puede suponer una amenaza para los beneficios de algunas grandes empresas y para la autoridad del Estado: por ello puede sufrir diversas agresiones como difamaciones, bulos o ataques a mercados organizados para bloquearlos y amedrentar a los usuarios actuales y potenciales; también son posibles las críticas de necios bienintencionados.

Por su naturaleza distribuida bitcoin no puede cerrarse, apagarse o bloquearse, como sí puede hacerse con un sistema centralizado con sus responsables, sus trabajadores y su localización física. El Estado puede otorgarse a sí mismo la potestad de ser emisor monopolista de dinero, pero tal vez no sea capaz de implementar en la práctica una potencial prohibición de bitcoin, la cual además implicaría publicitarlo, contribuyendo a su difusión y éxito. La prohibición de bitcoin no haría que su valor cayera necesariamente a cero: hay muchos productos ilegales, como algunas drogas, cuyo precio por el contrario es más alto por el hecho de estar prohibidas. Otras interferencias estatales son posibles, como compras y ventas masivas para desestabilizarlo, o el cierre o bloqueo de servidores privados, sitios o empresas de servicios en Internet (mercados organizados de cambio de moneda, gestores especializados de servicios adicionales para bitcoin, tiendas que los acepten como medio de pago); pero ciertas actividades pueden esconderse o replicarse con facilidad en Internet.

El poder adquisitivo de los bitcoins puede variar por diversos factores relacionados con su utilidad y escasez relativa, su oferta y su demanda en comparación con la oferta y demanda de los demás bienes, servicios y monedas: la propia cantidad de bitcoins, su velocidad de circulación, el número de agentes que los usan y aceptan como medio de pago, el volumen de intercambios (y su valor monetario) en los que intervienen, y la cantidad y calidad de los bienes y servicios por los cuales son intercambiados.

Su principal problema actual es la inestabilidad de su valor o poder adquisitivo, que lo hacen mal depósito de valor y unidad de cuenta: esta volatilidad no se debe a su oferta total, que es muy rígida y predecible, sino a cambios en su demanda, en ocasiones muy bruscos. Al ser un nuevo dinero emergente (o aspirante a dinero), está en fase experimental, de potencial monetización, de descubrimiento, de ensayos, aciertos y errores, de popularización y extensión de su uso. El poder adquisitivo de los bitcoins ha crecido fuertemente desde su comienzo, y la velocidad de su apreciación depende de la velocidad de su proceso de monetización.

Al ser algo muy nuevo e ilíquido es un activo volátil, de alto riesgo. Como cualquier innovación (el teléfono fijo, las tarjetas de crédito, la informática, los teléfonos móviles) requiere un tiempo de extensión o penetración en el mercado. Su valor cambia conforme la gente lo va conociendo, lo cual depende fuertemente de su presencia en medios de comunicación; su demanda puede tener picos puntuales por crisis monetarias, bancarias o financieras concretas; al ser su liquidez todavía pequeña, los movimientos especulativos y las compras o ventas masivas pueden tener mucha influencia sobre su valor.

Utilizar el bitcoin como medio de pago no implica usarlo como unidad de referencia ni como depósito de valor: es posible acordar precios en otros dineros de valor más estable, y el pago realizarlo con bitcoins al valor del momento del intercambio. Este triple cambio (el comprador consigue bitcoins a cambio de otro dinero, entrega los bitcoins al vendedor, el vendedor cambia los bitcoins por otra divisa) sería muy ineficiente con otros dineros clásicos, pero los bajos costes de transacción del bitcoin pueden hacerlo competitivo.

Quienes primero obtengan bitcoins pueden conseguir ganancias mayores ya que afrontan más incertidumbre respecto a su futuro. Algunos usuarios pueden también sufrir pérdidas si la extensión del bitcoin se detiene, pero es muy improbable que su valor caiga a cero y las pérdidas sean totales.

Los atesoradores de bitcoin no tienen por qué perjudicarlo, ya que están interesados en que su uso se extienda para que así se incremente su valor. Los especuladores, como en cualquier otra área de actividad económica, pueden acelerar los ajustes y suavizar las fluctuaciones al comprar cuando está barato (presionando el precio hacia arriba) y vender cuando está caro (presionando el precio hacia abajo); también pueden intentar manipular el mercado, o provocar oscilaciones según cómo cambien las expectativas sobre el futuro, pero no tienen ninguna garantía de éxito y el comportamiento histórico pasado no garantiza la evolución futura. La volatilidad tenderá a reducirse conforme el mercado de bitcoins sea más ancho y profundo (más líquido).

Otro problema actual es su relativamente escasa extensión o anchura de mercado: es importante tener en qué gastar los bitcoins, y su uso como medio de intercambio no está muy generalizado, tanto entre compradores como entre vendedores. Esto puede suponer grandes oportunidades empresariales: el bitcoin parece ir popularizándose de forma progresiva en ambos ámbitos, y ya existen negocios intermediarios que ofrecen conseguir cualquier bien o servicio (incluso el pago de algunos impuestos) a cambio de bitcoins (intermediando entre compradores que pagan en bitcoins y vendedores que prefieren cobrar en otros dineros tradicionales). Las empresas pueden ganar una ventaja competitiva si aceptan pagos con bitcoins: si algún gran comerciante lo hace el avance de bitcoin puede ser muy rápido.

Sobre el supuesto problema de deflación:

Una de las funciones del dinero es ser depósito de valor: ni ganarlo ni perderlo; para ganar valor u obtener beneficios hay que asumir costes, riesgo e incertidumbre (posibles pérdidas) en alguna actividad productiva. Bitcoin puede ser un depósito de valor imperfecto (ganaría valor en vez de solamente conservarlo) por la posible deflación secular una vez que se llegue a su fase estacionaria, habiendo alcanzado la cantidad máxima producible y habiéndose generalizado su uso: sin cambios en su cantidad o en su velocidad de circulación, la deflación se correspondería con el crecimiento económico.

El triunfo de bitcoin no provocaría ningún tipo de hiperdeflación catastrófica, el colapso económico o desempleo masivo. La deflación suave y predecible no implica que nadie gaste nada de su dinero, lo que sería completamente absurdo porque entonces dejaría de ser dinero; tampoco implica no gastar hoy y gastar mañana, ya que si la deflación persiste el mañana será equivalente al hoy y entonces habrá que esperar hasta pasado mañana, y así sucesivamente de forma indefinida. La deflación implica una tendencia más o menos intensa a atesorar más que a gastar y una presión bajista sobre los precios en función de las expectativas de futuro (las tendencias pasadas no tienen por qué continuar), pero esta tendencia tiene como límites la necesidad o deseo de los individuos de intercambiar en el mercado y la preferencia temporal del presente sobre el futuro: aunque los bienes vayan a abaratarse, no comprarlos ya representa asumir el coste de oportunidad de no poder disfrutarlos desde ya.

Esta deflación puede dificultar un mercado de deuda (sobre todo a más largo plazo) denominada en bitcoins: un potencial prestamista puede guardar un dinero que se aprecia (si al hacerlo no asume costes) en lugar de prestarlo; el potencial prestatario necesita obtener unos beneficios marginales del capital mayores para compensar adecuadamente al prestamista. Esto fomentaría la financiación mediante acciones (participaciones) frente a la financiación ajena con deuda denominada en bitcoins, o que la financiación se realizara mediante otro dinero de valor más estable.

Es posible tener crecimiento económico sin que crezca la base monetaria (la cantidad de dinero en sentido estricto): sería más eficiente tener un dinero de poder adquisitivo más estable, pero el crecimiento es posible si la inflación o la deflación son pequeñas y predecibles. Si la deflación fuera suficientemente problemática, la producción de más moneda con un mecanismo semejante al actual (minería para seguridad de la red) es algo que la comunidad podría aceptar de forma conjunta si se considera una buena idea: las modificaciones son posibles pero sólo triunfan si su aceptación es generalizada.

Además una base monetaria rígida, como el bitcoin, puede complementarse con sustitutos monetarios en cantidad creciente y con calidad adecuada si son deuda a muy corto plazo y muy segura (respaldada por la propia producción económica a punto de ser vendida a los consumidores finales). Bitcoin no es un sistema crediticio pero cuando se reduzca su volatilidad puede servir como base de un sistema crediticio (que de hecho ya existe) con deuda a corto plazo denominada en bitcoin: son posibles sustitutos monetarios de bitcoin, los cuales pueden utilizarse para estabilizar su valor futuro y evitar o mitigar la deflación secular.

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