Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
7 Jul 2014  |  maldomao           

El azar, y cómo gestionarlo

Una charla sobre la gestión del azar me ha recordado un maravilloso artículo de Fernando Cuartero sobre el azar que leí antes de tener este blog. Completo, claro y con la historia de este escurridizo concepto: ¿Qué es el azar? | Hablando de Ciencia | Artículos

Saco lo más didáctico (pero recomiendo leerlo entero, omito aquí la parte histórica):

Es decir, podemos considerar que un experimento sucede por azar si su resultado final no se puede determinar a priori de entre un conjunto de resultados posibles. Dentro de los sucesos que podríamos caracterizar como gobernados por el azar, a su vez, podemos distinguir dos fenómenos diferenciados: El azar ontológico, en el cual la aleatoriedad forma parte del ser. Se considera esta situación cuando existen procesos que son irreductiblemente aleatorios, independientemente del conocimiento que tengamos del propio sistema, de forma que no se podrá reducir a causas deterministas. El azar epistemológico es aquel que se produce por el desconocimiento, bien sea por ignorancia o por incapacidad, para tratar sistemas complejos, que en principio responden a causas de naturaleza determinista.

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Tradicionalmente, en la ciencia surgida de la Ilustración y hasta principios del siglo XX, se consideró que todo el azar era de tipo epistemológico, y que no existía el azar de tipo ontológico.

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Así, hasta el siglo XX todo estaba claro, el mundo es determinista y la estadística es un simple truco que usamos para paliar nuestro desconocimiento o nuestra incapacidad de calcular cosas excesivamente complejas. Sin embargo a comienzos del siglo XX todo cambió, con el advenimiento de la mecánica cuántica, en donde se defiende que el resultado de algunos experimentos no se puede predecir con exactitud, sino sólo las probabilidades, no ya por desconocimiento, sino por características inherentes a la propia naturaleza.

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Esta nueva concepción del azar, diferente del considerado en la manera clásica, tiene su aplicación únicamente a escalas subatómicas, donde operan las leyes de la mecánica cuántica, y en particular a las escalas donde tiene lugar el Principio de Indeterminación de Heisenberg. Este tipo de azar no es trasladable, de manera directa, a fenómenos macroscópicos, lo que daría lugar a paradojas que desafían por completo, no ya al sentido común sino a la propia realidad.

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Por todo ello, podemos concluir que existen dos tipos de significado que podemos darle al azar, cuando nos referimos a él desde un punto de vista científico. En primer lugar, un azar de características epistemológicas, que ocurre a escalas macroscópicas, procedente de nuestra incapacidad para comprender todas las variables que aparecen en procesos cuya naturaleza es determinista, y que por tanto representa una medida del desconocimiento del sistema, sin que ello impida que los sucesos en el mismo sucedan de una manera necesaria, atendiendo a las leyes naturales implicadas. Y por otro lado, existe otro tipo de azar, de características ontológicas, inherente a la propia naturaleza, y que tiene su efecto sólo a escala microscópica, donde operan las leyes de la mecánica cuántica. Este azar no es trasladable de manera directa a fenómenos macroscópicos, si bien es origen de diversos fenómenos que ocurren en ese ámbito.


El vídeo al que me refería arriba es esta charla de Alejandro Doncel donde explica cómo gestionar el azar ante la inevitabilidad de su influencia en la vida y los negocios.

Aunque a los que tenemos formación científica, no nos descubre el concepto; la charla sí que te lleva a reflexionar sobre su influencia en la vida y a protegerte de los sesgos cognitivos a los que te puede llevar, sobretodo, cuando la tienes a favor.

Saco sus ideas principales:

En el colegio y la universidad nos han enseñado una realidad de laboratorio. La simplifican mucho para hacernos entender cuatro o cinco conceptos. El problema es que cuando nos dieron los títulos se les olvidó decirnos una cosa: 'esta realidad que os hemos enseñado aquí dentro no funciona fuera'.

Las elegantes funciones estadísticas no valen para el día a día. Para la mayoría de los problemas cotidianos no tienen aplicación. El mundo es menos perfecto y elegante.

De los que arriesgan y están muy preparados sólo unos pocos llegan a la cima, al gran éxito. Ellos se creen que a sido gracias a su trabajo duro, a sus estrategias, a su visión y no creen que la suerte haya tenido que ver. Creen que es un resultado causal no casual; se le llama falacia narrativa: una vez que has llegado puedes contar cómo lo has hecho. Es un sesgo cognitivo muy peligroso para el futuro.

El concepto de cisne negro y cisne negro positivo. Son impactos de suerte brutales; son eventos de probabilidad ínfima que si te pasan te impactan de forma brutal para lo bueno o para lo malo. También son gestionables.

La idea clave para gestionar el azar es 'sangrar y no reventar'. Para avanzar y progresar hay que apostar, pero hay que apostar lo que estás dispuesto a perder, no más. Si fracasas y no has apostado más allá de tu límite, puedes volver a empezar. Si apuestas más de lo que puedes perder y pierdes, te enfrentas a la ruina y es muy difícil salir, recuperarse.


He encontrado un artículo en PDF de este autor sobre el mismo tema; saco lo mejor -son las mismas ideas pero bien escritas:

Para que una estructura de azar positiva nos alcance, tenemos que estar ahí. Hay que acumular probabilidades de que pasen cosas positivas. Solo comprendiendo cómo funcionan estas estructuras de azar podemos asimilar el grado de suerte que hay en nuestros éxitos. Esto nos va a permitir entender que si el grado de suerte es grande, deberemos saltar del barco tiempo antes de que se empiece a hundir.

Debemos generar nuevas oportunidades que nos permitan incrementar nuestras probabilidades de éxito. Para jugar con la no linealidad hay que estar preparado. Tenemos dificultades con el método ensayo/error, para aceptar que los pequeños fracasos (con los aguijonazos que se crean por parte de nuestro entorno) son necesarios en la vida.

La conclusión es que si no nos arriesgamos a tener pequeñas pérdidas, jamás conseguiremos una gran ganancia.

Debemos confiar menos en la planificación de arriba abajo, concentrarnos al máximo en reconocer las oportunidades cuando se presentan y juguetear con ellas. Pero hay que hacerlo siempre que este juego esté regido por la norma de sangrar y no reventar; es decir, cuando el juguetear con nuevas oportunidades no implique una excesiva inversión o apalancamiento que, de no resultar rentable, nos lleven a la ruina. Si no se juega nada, no se gana nada. Probar suerte de vez en cuando es algo muy razonable. Confiar en ella como una política sistemática a seguir es una estupidez.

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