Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
6 Jun 2016  |  maldomao           

Mercado versus Política como mecanismos de decisión para asignar recursos escasos

Estupendo extracto de este artículo de Benito Arruñada:

Tanto el mercado como su alternativa, la política, son mecanismos de decisión para asignar recursos escasos. La cuestión clave es cómo decidir el uso de los recursos para que estén realmente al servicio del ciudadano. Éste puede decidir a través del mercado o a través de la política. Lo importante es la eficiencia y justicia de la asignación de recursos, y no cuál sea el medio -política o mercado- que se emplee para decidirla.

Ambos, política y mercado, son sistemas, en parte sustitutivos y en parte complementarios, que sirven para procesar información y tomar decisiones en un mundo no solo de recursos escasos, sino de ignorancia e información dispersa, asimétrica y no transmisible. La dificultad de numerosos analistas para entender esta equivalencia funcional de política y mercado proviene de su maniqueísmo analítico. Por un lado, en política, todo lo consideran posible. Para lograr cualquier fin, a menudo afirman que basta con ejercer un grado suficiente de algo que, con aparente candidez, denominan "voluntad política". Sin que acaben de entenderlo, están de hecho depositando todas sus esperanzas en la eficacia de la coerción. Por otro lado, en cambio, se encuentran con que el mercado actúa por consentimiento y, en consecuencia, bloquea semejante voluntarismo. Les expulsa así del paraíso imaginario en el que, al suponer recursos ilimitados, todas sus ocurrencias parecen viables. Por ejemplo, durante los peores momentos de la Gran Recesión se quejaban de que la política estaba rendida al mercado. Sin embargo, en realidad, el mercado era solo el mensajero de que los españoles consumíamos un 10% más de lo que producíamos y ya nadie nos prestaba los fondos precisos para mantener nuestro tren de vida. La política había vivido en la inopia y el mercado tan sólo la devolvía a la realidad.

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