Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
8 Aug 2015  |  maldomao   BREVE         

Sobre libertad de horarios comerciales

El otro día, a partir de las anécdotas de la actualidad política española (no hay mal que por bien no venga), Rallo escribía este clarificador artículo sobre el tema de la libertad de horarios comerciales.

Recomiendo leerlo entero pero estos párrafos son imprescindibles para entender el problema de fondo:

¿Cuál es la base para semejante reacción prohibicionista? Simplemente, que hay algunos comerciantes que preferirían descansar los domingos y, en consecuencia, no puede permitirse que otros comerciantes que no tienen esa misma aspiración ejerzan contra ellos una “competencia desleal”. Es decir, dado que el grupo de comerciantes que desea descansar los domingos no quiere responsabilizarse de las consecuencias de sus muy legítimas decisiones (el riesgo de perder parte de sus clientes frente a otros comerciantes que están dispuestos a abrir los domingos para prestar un buen servicio a los consumidores), autorizamos socialmente la represión de la libertad de todas aquellas personas que tienen otras aspiraciones distintas pero tan legítimas como las de los comerciantes que desean descansar los domingos.

Vivir en sociedad implica coexistir pacíficamente y, por tanto, respetar los objetivos vitales de otras personas que no impliquen una agresión ilegítima contra mis propios objetivos vitales: coexistir pacíficamente implica, pues, respetar las decisiones ajenas que no se dirijan directamente a impedir mis propias decisiones aun cuando puedan perjudicarme indirectamente. Por ejemplo, uno es libre de estudiar una carrera universitaria o de no hacerlo, pero lo que no debería poder hacer es prohibir que otras personas estudien un grado superior para así evitar hallarse en una desventaja competitiva en caso de que no estudie. O, asimismo, uno es libre de acudir todos los días al gimnasio o de no hacerlo, pero desde luego no está legitimado para impedir que otros cuiden su apariencia física so pretexto de que, si él no hace lo propio, tendrá menos oportunidades de encontrar pareja. Y, por las mismas, uno es libre de comerciar o de no comerciar los domingos, pero lo que desde luego no debería poder hacer es emplear la fuerza —aunque sea a través de las instituciones estatales— para impedir que otros comercien mientras él descansa en domingo.

Una sociedad libre necesita de un respeto estructural a los distintos proyectos vitales de las personas. En nuestras sociedades actuales, sin embargo, parece que un gobierno está legitimado a tomar cualquier decisión mientras tenga cabida dentro de la constitución. El padecer una constitución poco garantista con las libertades personales se ha convertido en una carta blanca para el abuso de poder político y para colocar las aspiraciones pacíficas de las minorías electorales en la picota de las mayorías caprichosas. Pero nada de ello debería llevarnos a guardar silencio ante tan inaceptables y absurdos atropellos perpetrados por una mezcla de prejuicios ideológicos anticapitalistas y por atender las liberticidas reivindicaciones facciosas de un grupo de presión organizado.

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