Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
2 Jan 2015  |  maldomao   BREVE         

La importancia de la comunicación en las relaciones

Me ha gustado esta entrada de Francisco Alcaide sobre la importancia de la comunicación en el liderazgo; no porque me interese el liderazgo sino porque creo que estas ideas son perfectamente aplicables a otros ámbitos; por ejemplo, a las relaciones familiares y personales.

Saco algunos párrafos:

El éxito de una relación (del tipo que sea: pareja, amistad, profesional) reside en un buen nivel de comunicación. La falta de comunicación y la mala comunicación arruinan las relaciones y los equipos.

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Los buenos líderes están en permanente comunicación con su gente, entre otras porque la comunicación es una herramienta de gestión del compromiso. Sin comunicación no puede existir compromiso, y sin compromiso no puede existir excelencia.

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Y una buena comunicación empieza siempre por saber escuchar para comprender. Diriges bien si escuchas bien.

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Lo malo no es el conflicto sino su mala gestión. Los conflictos bien gestionados ayudan a crecer, porque sirven para conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás. El problema es que a menudo, ante un conflicto, los negamos o huimos de él. Y los conflictos no gestionado en su momento, crecen.

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la comunicación fluye o no fluye, avanza o estanca, gracias a una variable: la confianza. La confianza es lo que hace que la gente se muestre, opine y se moje. Sin confianza es difícil que haya comunicación.

Desde mi experiencia personal tengo la sensación que la gente invierte poquísimo en comunicación, incluso con personas cercanas, lo que unido a la afición por juzgar y "adivinar" los pensamientos de los demás -en vez de preguntarles- genera muchísimos malentendidos y conflictos. Además no se suelen resolver adecuadamente, también por falta de comunicación, y se deterioran las relaciones de forma crónica.

De cualquier modo, en relaciones con personas no muy cercanas es totalmente entendible: el coste de las buenas relaciones, profundas y con buen nivel de comunicación, es altísimo en tiempo y atención.

Yo a estas conclusiones ya llegué hace tiempo, y desde entonces clasifiqué mis relaciones en dos tipos: profundas, en las que me esfuerzo por comprender, ser comprendido y tener una comunicación fluida y profunda con la otra persona; y las superficiales, en las que no invierto más tiempo y esfuerzo del que me apetece cuando me apetece y nos unen las circunstancias.

Bueno, lo anterior es simplificar mucho; también hay relaciones en una zona intermedia. En estos casos actúo más o menos a demanda: si en un ámbito o una temporada concreta surge una relación intensa con una persona invierto progresiva y proporcionalmente al feedback recibido de la otra parte, y si con el tiempo se consolida como una relación que merece la pena no escatimo en alimentarla.

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