Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
21 Jan 2014  |  maldomao   BREVE         

Sobre el estado de la profesión de desarrollador de software y su valoración social

Hace poco publicaban en Xataca una entrevista muy interesante sobre el estado de la profesión de desarrollador de software. Saco lo mejor:

Sobre los tipos de profesionales y su actitud (y sus consecuencias)

Actualmente las carreras y masters tienen una carga eminentemente teórica por lo que la verdadera ventaja competitiva la tienen los alumnos con iniciativa, que han aprendido la parte práctica por su cuenta, tienen perfil en Github y han programado para startups o han lanzado sus propias empresas tecnológicas.

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Nuestra impresión es que esto no es del todo cierto; en todo caso diríamos que el mercado de trabajo se está polarizando entre aquellos profesionales cuyos conocimientos se limitan a lo imprescindible para ejercer su trabajo en el día a día y aquellos con una mayor inquietud sobre las últimas tendencias en el sector.

Ambas opciones son perfectamente válidas, pero el problema que tienen los del primer grupo es que las empresas son conservadoras en el uso de las tecnologías que escogen, y cuando se impone un cambio de paradigma o tendencia en IT les puede resultar más cómodo contratar gente nueva que reciclar al personal que ya tienen –esto se acentúa cuanto mayor sea la compañía para la que trabajas, sobre todo si el equipo se encuentra externalizado-. Así que si llevas cinco años en el mismo proyecto haciendo lo mismo que el primer día que entraste te puedes topar en cuestión de semanas con un problema de empleabilidad, lo que limitará las opciones que tengas de encontrar empleo y, por tanto, el salario y prestigio social.

Como dicen, hay que dirigirse no a donde está la pelota sino hacia donde se mueve, así que todo desarrollador debería identificar las tendencias clave de su ámbito de trabajo y tener al menos un conocimiento básico de las mismas, porque las tecnologías que dentro de un par de años serán norma en las empresas hoy son experimentales o sólo las usan startups. Y quien haga esto ya se está encuadrando en el segundo grupo, donde nos consta que la demanda es elevada.

Por desgracia, identificar qué tecnologías que hoy parecen prometedoras se impondrán el día de mañana supone una apuesta a nivel personal y requiere sacudirse prejuicios y mirar las cosas desde una perspectiva global y de negocio, pero esa visión es precisamente la que distingue a un profesional de primera línea de uno del montón. Probablemente no haya otro sector laboral donde este cambio sea tan sistemático y violento, pero esta es la realidad a la que se enfrenta el profesional del desarrollo (y de los sistemas, por cierto).

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En general, el gran problema contra el que tiene que luchar el desarrollador software es que la marea de la “comodificación” está subiendo constantemente. Para cada espacio de problema se empieza en la innovación, se continúa por la estandarización y se acaba en la industrialización: patrones, librerías, IDEs, … “¿Cuánto de cerca estoy de que mi trabajo lo pueda realizar un generador automático de código?” es la pregunta que debe hacerse todos los días un desarrollador, y en la respuesta (combinada con otros factores más obvios, como “¿cómo de fácil es encontrar desarrolladores para esta tecnología?”) encontrará la magnitud del poder de negociación que podrá esgrimir a la hora de buscar mejoras salariales u oportunidades profesionales.


Importancia y valoración social de la profesión

Muchos dirigentes no solo de startups tecnológicas sino también de empresas del IBEX35 todavía no se han dado cuenta de que la tecnología es o debería ser una parte central de su negocio ya que es lo que les va a permitir innovar y conseguir seguir siendo competitivas. Hasta que en este país no se empiece a valorar lo que la tecnología puede hacer por una constructora, un estudio de arquitectura y por un ecommerce, como hacen en otros países, los programadores no serán reconocidos en casa como lo son fuera.

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En cuanto a la relación y percepción del desarrollador software por parte de la sociedad: no hay, ni habrá en décadas, una “cultura digital” que permita que la gente no relacionada con la producción de software interiorice o valore la complejidad o esfuerzo de un proyecto. De hecho, basta una mínima experiencia profesional para entender que la mayoría de la gente relacionada con la producción de software tampoco sabe valorarlo. Esto es, en cierta forma, natural: llevamos miles de años de relación con los productos físicos manufacturados artesanalmente, y cientos con los producidos en masa, pero solo unas décadas relacionándonos con productos digitales. Nuestra relación con lo digital también es muy distinta a nivel sensorial: no hay peso, no hay densidad, no hay volúmenes. Las “affordances” digitales son muy diferentes y esto, que es una obviedad en la experiencia de usuario, también influye en temas adyacentes como la percepción del valor.

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