Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
12 Nov 2014  |  maldomao   BREVE         

El estancamiento de la educación y sus consecuencias

Hoy traigo un gran artículo de Raquel Merino Jara -a la que nunca había leído- donde dice muchas cosas interesantes.

Empieza con una idea de Peter Thiel: cree que el estancamiento en el avance tecnológico y la innovación en algunos campos tiene principalmente que ver con la intervención estatal en ellos.

Posteriormente se centra en el sector de la educación. Denuncia el daño que está haciendo el dirigismo y la burocracia estatal y el pensamiento igualitarista a la evolución del sector, a muchos niños -los que no encajan en el sistema-, a la sociedad en general y al progreso económico.

Finalmente, describe como se crea valor actualmente y lo alejado que está el sistema educativo de preparar a los niños para ese entorno que se van a encontrar.

Saco los mejores párrafos, que son muchos:

Que quienes verdaderamente hacen cambiar el mundo sean liberales es una grandísima noticia para quienes defendemos estas ideas. Y que éstos sean conscientes y denuncien públicamente el terrible daño que hacen la intervención pública y la burocracia a la dinámica del capitalismo también es de agradecer. La especialización nos lleva muchas veces a extrapolar fenómenos que observamos, vivimos y conocemos al milímetro en nuestro campo como si no hubiera factores exógenos que puedan romper esa tendencia. Eso pasa a muchos tecnólogos que irradian un contagioso optimismo, augurando el paraíso en la Tierra de aquí a 30 o 40 años. Thiel, pese a ser uno de los máximos protagonistas del auge tecnológico de las últimas dos décadas, no pasa por ser una persona demasiado positiva en su análisis de la extensión y alcance real de esas innovaciones, menos importantes para él de lo que la mayoría presume. O, dicho de otro modo, reconoce que las innovaciones se han desarrollado allá donde el Estado ha metido (o podido meter) menos baza, pero en otros campos es imposible levantar cabeza: energía, salud, transporte (infraestructuras), etc.

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Uno de estos campos hurtados a la competencia por el Estado es precisamente el de la educación. Los propósitos verdaderos del Estado al garantizar la educación universal tienen mucho más que ver con el adoctrinamiento y la sedación de las mentes a través del mensaje igualitario y la consiguiente anulación personal, así como con granjearse apoyos entre el colectivo educativo (la típica alianza política y burocrática).

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Así se alcanzaría esa ansiada educación mínima universal, que posibilitaría no sólo el desarrollo personal y profesional del niño, sino el de la sociedad (bien común). Y quién decide cuál es la educación mínima estándar que permitirá la igualdad en la Tierra: claro está, el intelectual se erige a sí mismo como el "elegido". Los padres son demasiado ignorantes para ser libres.

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Y aquí viene el segundo error de bulto de esta concepción elitista e ilustrada. Parte de una visión conservadora que pretende hacer ver que el conocimiento sólo se puede adquirir a través de una forma que demostró un grado de éxito relevante hace dos siglos: educación secundaria y universitaria. ¿No pueden evolucionar las cosas desde entonces? Porque la gente, los paradigmas productivos y los productos y servicios sí lo han hecho.

La imposición en este campo aniquila la experimentación a través de, por ejemplo, programas educativos cambiantes dentro de especialidades existentes, nuevas especialidades per se o nuevos métodos formativos que se adecúen a las necesidades evolutivas que rijan en cada momento, ya se lancen desde dentro o fuera del ámbito educativo más tradicional...

Pero, además, al partir esta imposición de las élites intelectuales, el sesgo es completo hacia quienes tienen o cultivan un tipo de habilidades muy específicas. Puede expulsar a personas con clases de inteligencia que no sean las puramente lógicas, matemáticas o verbales. Al estrechar la oferta formativa y convertir esa educación formal en universal, muchas personas están frustradas y se encuentran en el punto de mira por no ser amigos de los libros... Se ven truncadas al mismo tiempo sus verdaderas capacidades, que podrían desarrollarse a través de la inteligencia emocional (cuanto menos apego a los libros de manera obsesiva, por lo general, más se cultiva el trato humano y mayor comprensión de la naturaleza del que se tiene en frente...), de "aprender haciendo" (learn by doing) o de explorar simplemente nuevos caminos. Cuánto provecho no obtendrían esa persona y la sociedad misma de permitírsele la especialización desde edad temprana en aquello que hace relativamente mejor y que le va a hacer más feliz por dominarlo mejor y poder recoger los frutos de sus cualidades e intereses.

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Asimismo, este enfoque incide en una educación igualitaria, con un currículum común, como única forma de obtener prosperidad en los países. Es todo lo contrario. Es precisamente la diversidad de conocimiento, que se genera gracias a la desigualdad de personalidades, habilidades y experiencias, y la consiguiente variedad de aproximaciones a los infinitos problemas y oportunidades económicas que se nos presentan, lo que propicia la creación riqueza en la sociedad.

Es más, son el desarrollo económico, la acumulación de capital y la posibilidad de rentabilizar la baja preferencia temporal los que incrementan la inversión en educación por parte de las familias, y no al revés. La educación no es origen del desarrollo económico, como muchos sostienen, sino resultado del mismo.

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Las respuestas en el capitalismo tienen que venir del conocimiento, no de la educación formal estatalizada. Y ni siquiera de modelos viejos de aprendizaje, por más privados que sean. Esto es lo que vienen a sostener precisamente personajes como Peter Thiel, quienes quieren romper con modelos educativos que van muy por detrás de lo que exigen los entornos innovadores y de elevada incertidumbre en que se desarrollan las startups.

No pierdas el tiempo. Vas a universidades privadas, te alejas del mundo durante varios años, años a veces irrecuperables si tu vocación no queda satisfecha por ese programa educativo y tienes que empezar de cero al salir. Te gastas un dineral y te endeudas hasta la extenuación. Y para qué: puedes aprender más y mejor por tu cuenta o conforme desarrolles tus propios proyectos. Hoy día, recordemos, el acceso al conocimiento tiene un coste prácticamente cero.

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Los modelos educativos superiores están sustentados en jerarquías centralizadas muy rígidas, con profesores que apenas se apean de las teorías que explican desde muchos años atrás porque hacerlo exige un coste de aprendizaje continuo que no están dispuestos a afrontar y porque tienen mucho capital intelectual invertido en esas ideas y su prestigio depende de ello. Un profesor es un dios del conocimiento. Así se ve especialmente a sí mismo y así le ven en sus familias y en el entorno académico que le rodea, que se debate entre hacerle la pelota o hacerle la cama según la posición de fuerza que tenga en el departamento.

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Por mucho que se quiera estabular, no se pueden poner puertas al campo. La época actual se caracteriza porque el conocimiento tiene un peso que nunca había tenido antes en la Historia. Cada vez en un producto pagamos más por conocimiento y menos por material. Además, el acceso a la información y al conocimiento nunca fue más inmediato, veloz ni abundante (barato). Esto impulsa aún más el uso del conocimiento en los procesos humanos. Porque da rendimiento, porque no necesitamos complementarnos con otros factores con coste prohibitivo.

Y es que el valor, hoy día, no se crea por la acumulación de bienes de capital y el surgimiento de grandes economías de escala para producir bienes y establecer procesos de producción razonablemente conocidos y con una demanda bastante cierta. El mundo, hoy, es innovación continua sobre fines y medios en medio de brutal incertidumbre. Aunque hay mucho error también, el valor se crea hoy con formación desde los cinco años en campos como la informática (sí, como James Mill hacía con su hijo, pero ahora lo hace el niño de manera autodidacta o con amigos a un coste casi cero), con 3.000 dólares de capital inicial, capital semilla de inversores como Thiel o Andreessen, unas cuantas buenas ideas, mucho arrojo y descaro, un buen modelo de negocio, buen olfato empresarial y mucho don de gentes.

János Kornai, autor húngaro que vivió bajo el yugo soviético y que descubrió la abundancia capitalista con la candidez de quien ve por primera vez nevar, señala en su libro Dynamism, Rivalry, and the Surplus Economy: Two Essays on the Nature of Capitalism los elementos que permiten en el capitalismo la innovación continua, además de apuntar que la innovación es un elemento consustancial al propio capitalismo:

Iniciativa descentralizada (no planificación).

Recompensa gigante al que tiene éxito (incentivos).

Competencia feroz: soberanía del consumidor que posibilita que el productor tenga que estar en alerta continua para mejorar, creando una abundancia de propuestas de valor para el cliente.

Experimentación extensiva y ubicua.

Flexibilidad financiera, capital en reserva buscando financiar inversiones prometedoras.

No es de extrañar que Peter Thiel llevara a cabo su propio programa para innovadores en 2011 en el que paga 100.000 dólares a estudiantes brillantes de universidades como Harvard, el MIT, Stanford, etc., por abandonar esos prestigiosos centros para pasar a experimentar y desarrollar sus proyectos dentro de su programa. Otra propuesta más de carácter experimental. Que sigan fluyendo. El conocimiento es más importante que nunca. La educación oficial no es más que un lastre para la evolución.

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