Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
26 Aug 2014  |  maldomao   BREVE         

No nos engañemos: España no va bien

Como casi cada artículo de Rallo, este que traigo hoy, además de un buen análisis de la actualidad, es una mini-lección de economía.

La conclusión del artículo es que mientras no cambie el modelo productivo no va a cambiar significativamente la economía española, y por tanto, va a seguir al borde del abismo. Y que lo de impulsar la demanda interna no tiene sentido cuando un país no sabe producir lo que quiere consumir.

En los telediarios nos seguirán distrayendo con el crecimiento y otros indicadores fáciles de divulgar pero engañosos. Como dice un comentario del artículo: En realidad, ni ahora tenemos crecimiento real (aunque sea a las tasas pequeñas que dan los datos oficiales) ni antes, en la época del boom inmobiliario, lo teníamos. Tan sólo teníamos (y volvemos a tener, aunque en mucha menor medida) un consumo de ahorro y capital, principalmente venido del extranjero.

Saco lo más didáctico del artículo (aunque recomiendo leerlo entero):

...

Algunos, sin embargo, ya alertamos en su momento de que el problema esencial de España no era de falta de demanda, sino de falta de una adecuada oferta interna: de un “modelo productivo” capaz de satisfacer las necesidades de la demanda.

A la postre, en 2008 se vino abajo el chiringuito productivo de España, basado en una hipertrofiada industria de la construcción alimentada por el endeudamiento exterior. Desde entonces, no ha habido cambio de modelo alguno: el valor añadido anual de la construcción y de las actividades financieras se ha desplomado en 80.000 millones de euros, mientras que el de la agricultura, la industria, las telecomunicaciones o los servicios profesionales, lejos de subir, han caído en otros 10.500 millones de euros. Sólo la hostelería, el comercio, el transporte o las actividades recreativas han compensado parcialmente tal desplome con un aumento de su valor añadido anual de 13.000 millones de euros.

Es decir, en 2013 todavía no habíamos encontrado reemplazo alguno para el modelo productivo de 2008 (y las tendencias a comienzos de 2014 se mantienen: industria estancada y telecomunicaciones estancadas, salvo por un leve repunte de los servicios profesionales y de las actividades recreativas).

...

Sí: en contra de lo que ingenuamente blasonan quienes sentencian que todo es un problema de demanda, si no transformamos previamente nuestro aparato productivo, un mayor gasto interno sólo puede incrementar la producción de ladrillo. Volver a 2008, es decir, a la burbuja inmobiliaria. Mas como no parece que los españoles deseen gastar más en ladrillo, ¿hacia dónde se filtrará necesariamente el mayor gasto interno? En efecto: hacia las importaciones (esto es, hacia la producción exterior que sí es demandada, pero no producida, por los españoles).

Así, durante la primera mitad de 2014 -esos pletóricos seis meses en los que el crecimiento económico ha regresado a España-, las importaciones de bienes han vuelto a crecer por primera vez desde 2010 y lo han hecho un ritmo interanual superior al 6%, duplicando de ese modo el déficit comercial que exhibimos durante el primer semestre de 2013. Dado que queremos gastar más y dado que aquello que queremos adquirir no somos capaces de manufacturarlo dentro (no hemos cambiado el modelo productivo), no nos queda más remedio que traerlo desde fuera.

El asunto no sería problemático si, paralelamente al aumento de las importaciones, también incrementáramos las exportaciones: por ejemplo, queremos consumir más petróleo que en 2013 pero como evidentemente no podemos producirlo dentro de España, fabricamos más jamón ibérico para intercambiarlo por el petróleo. Pero las exportaciones llevan inquietantemente estancadas desde hace ocho meses, con la única honrosa salvedad del turismo: dado que no hemos cambiado el modelo productivo de España tampoco somos capaces de fabricar cantidades crecientes de aquellas mercancías demandadas por los extranjeros.

Resultado: el mayor gasto interno se topa con una oferta no reestructurada y, por tanto, se filtra hacia el exterior. La demanda interna de bienes extranjeros (importaciones) crece sin un aumento proporcional de la oferta de bienes nacionales demandados por los extranjeros (exportaciones). Compramos más fuera pero sin vender más fuera: es decir, volvemos a endeudarnos con el exterior en lugar de empezar a repagar nuestra voluminosísima deuda externa.

Mientras los extranjeros nos continúen proporcionando financiación para seguir viviendo de prestado, acaso podamos mantenernos en la inestable calma actual. Pero si no transformamos intensamente nuestro modelo productivo (para exportar más o para producir dentro parte de lo que ahora importamos), ¿qué sucederá cuando los extranjeros se den cuenta de nuestra intrínseca incapacidad para amortizar el gigantesco capital que les adeudamos (equivalente al 100 por cien del PIB)? Pues que nos cerrarán el grifo, arriesgándonos a revivir los trágicos sucesos de 2009 o, todavía peor, de 2012.

...

HACER UN COMENTARIO: