Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
21 Oct 2014  |  maldomao   BREVE         

Interesante artículo en Sintetia sobre las lógicas financieras en el complejo y cambiante mundo actual. Y esto es lo que más me interesa: que habla de la complejidad que genera la velocidad del cambio y de cómo enfrentarse a ella.

Saco lo mejor:

Crear algo diferente o de forma diferencial es cada vez más difícil. El conocimiento fluye de forma muy rápida y, como diría Guy Kawasaki: “Siempre hay, en algún lugar, dos tipos en un garaje planeando tu desaparición. O vas por delante de ellos, o lo lograrán”.

La complejidad NO se combate con atajos, esos atajos se manifiestan de distintas formas: eludir que existe (la complejidad) es quizás el más peligroso, pero también lo es el pensar que el pasado permite predecir el futuro o asumir que siempre tenemos información perfecta. ¿Nunca has escuchado eso de ‘seamos prudentes, hay que tener todos los datos para tomar la decisión’? Pues por mucha prudencia que queramos imponer, nunca tendremos todos los datos. Nunca la información es perfecta, y el hecho de tener buena información hoy nunca te asegurará un buen resultado mañana, porque el mundo (el mercado, el comportamiento de los clientes, la competencia o la llegada de nueva tecnología) es demasiado complejo, dinámico e incierto.

La única forma de abordar la complejidad es a través de la flexibilidad, la capacidad de aprender y desaprender, y actuar de forma inteligente, como los deportistas de élite, que planean cada paso, pero asumen y trabajan sus capacidades para aprender, responder y poder aplicar (aunque sea de forma improvisada) un plan B, C… en cuanto sea necesario. Además de tener una gran capacidad de sacrificio, esfuerzo, formación y resiliencia, para aguantar estos procesos se necesita reconocer que la complejidad requiere no bajar la guardia y asumir que no existen certezas absolutas: ni sobre nuestros productos, ni sobre la competencia ni sobre las decisiones que tenemos que adoptar cada día.

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incluso en el ámbito de las grandes corporaciones también los datos son aplastantes: 89% de las empresas que estaban liderando la lista de Fortune 500 en Estados Unidos, en la actualidad no existen. Por lo tanto, entran y salen compañías creando un intenso proceso de destrucción creativa.

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Nunca antes han sido más importantes los experimentos del prueba-error y el aprendizaje continuo. Esos experimentos tienen que diseñarse de forma rápida, al menor coste posible y nos tienen que permitir tomar decisiones con sólidos fundamentos. Por esta razón las metodologías Lean se están imponiendo de una forma aplastante. Hoy tenemos que ser ligeros, probar, testear, aprender, tomar decisiones y no dejarnos llevar por grandes planificaciones.

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El objetivo es que al caminar en nuestra tarea de consolidar una empresa, y poder experimentar, se pueda medir, aprender y, por tanto, trocear la complejidad del futuro en pequeñas fases (tan pequeñas como podamos) y tomar decisiones a medida que se vaya aprendiendo de esos resultados. La lógica es: “¡Cuidado! Reserva opciones, que las puedes necesitar. El mundo no es predecible y tienes que tener recursos para invertir a medida que vas aprendiendo”.

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Pues el financiero tiene que actuar como un deportista de élite. Tiene que ser capaz de asumir que se acabó eso de vivir del pasado (eso es una condición necesaria y un proceso automático y con el valor añadido justo). Ahora la clave está en cómo valorar opciones de futuro, en cómo conectar los recursos financieros con las distintas posibilidades y ayudar a todos los demás departamentos y personas implicadas en los resultados de una compañía.

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