Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
1 Oct 2013  |  maldomao   BREVE         

Los impuestos y las empresas tecnológicas globales

Muy interesante este artículo en xataca sobre cómo muchas empresas tecnológicas con productos/servicios globales se establecen y pagan impuestos donde más les conviene. El artículo pone algo de luz sobre un tema muy dado a la simplificación y la demagogia:

Empresas tecnológicas: beneficios en España pero pagan impuestos en Irlanda

Las empresas pagan impuestos en cada país según las leyes vigentes del impuesto de sociedades. Estas leyes fijan como lugar de tributación, aquel país en el que radique el domicilio social y el principal núcleo de actividades de la empresa sin tener en cuenta los ingresos que existan en el resto de países.

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Esta regla genera que las empresas tecnológicas, presten servicios en todo el mundo con suma facilidad, dado que el concepto de exportación como tal no tiene las trabas que tiene la venta de productos transfronteriza.

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En España, muchas voces se alzan en contra de este tipo de prácticas. Por ejemplo, a efectos de servicios webs, Google y Facebook son el foco de críticas por la poca cantidad de impuestos que pagan en España vs el volumen de ingresos teóricos que generan aquí. La lógica de generación de ingresos para pagar impuestos pierde su sentido cuando realmente, la cadena de valor de generación de estos servicios no se encuentra tampoco en España, tal y como ocurre con los servicios de publicidad y alojamiento de Google o con los sistemas de fabricación o distribución de hardware en el que España es un receptor neto de productos y no aporta nada más que mercado a estas empresas.

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La economía de la red abre un concepto nuevo de localización, de capacidad de venta y prestación de servicios a distancia, la capacidad de establecer nuestro software y servidores en cualquier país y a partir de una web, ofrecer nuestros servicios a todo el planeta está ahí. Quizá la reflexión más acertada sería encaminar a España a ser un país friendly con la tecnología, con el establecimiento de empresas aquí, para la generación de empleos de alto valor añadido y cualificado y para que la tributación de estos beneficios mundiales pasaran por España.

Y es que la globalización económica, especialmente de servicios y productos intangibles, está quitando poder a los estados, sobre todo a los pequeños, y les está llevando a competir entre ellos por atraer empresas y talento que generen riqueza y paguen impuestos.

ACTUALIZACIÓN: Buen artículo de E. Dans al respecto: ¿SON “ESPECIALES” LAS EMPRESAS TECNOLÓGICAS? - Voces economicas

Saco lo mejor:

Este tipo de técnicas y otras que se utilizan en otras empresas son indudablemente agresivas en términos de optimización, pero son completa y rigurosamente legales. Es más: las empresas tecnológicas no son, en modo alguno, las únicas que las ponen en práctica. En realidad, los requisitos necesarios para poder acceder a ese tipo de técnicas son, básicamente, ser una empresa multinacional, y que el tipo de producto o servicio permita que se considere prestado desde otro país. Indudablemente, empresas que gestionen operaciones basadas en intangibles, en productos bit o en información lo tienen mucho más sencillo, pero existen muchas otras categorías de empresas capaces de acceder a ellas, y que, indudablemente, también las utilizan.

El problema, por tanto, no son las empresas tecnológicas, sino la propia esencia de la legislación fiscal internacional. Para Irlanda, la decisión de fijar una tasa más baja para su impuesto de sociedades supone una parte de su estrategia como país: unido a otros factores, le permite consolidarse como un país atractivo para el establecimiento de subsidiarias de muchas empresas. Si acompañamos esta bonanza fiscal con factores como el apoyo a un buen sistema educativo que abastezca a esas compañías con mano de obra especializada, el país puede obtener un desarrollo notable de un sector industrial que contribuya de manera importante a su generación de riqueza.

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El problema, por tanto, no está en tratar de crear excepciones a las leyes que castiguen específicamente a las empresas tecnológicas -porque éstas, en realidad, no están haciendo nada más que aprovecharse de procedimientos completamente legales y son evidentes generadoras de riqueza- sino en cambiar la legislación fiscal de manera general, algo que se antoja imposible porque forma parte de la soberanía y de la estrategia de muchos países. Los cambios que se planteen deberían, por tanto, de buscar modificaciones sobre el régimen general, en lugar de poner en su punto de mira a empresas concretas mediante “parches” especiales.

Basta con examinar dos países que hace algunos años tenían un tamaño en cuanto a población y producto interior bruto similar como España y Corea del Sur para ver los efectos que ha tenido el hecho de que el primero apostase por la construcción y los servicios, y el segundo lo hiciera por el desarrollo tecnológico. El sector tecnológico merece atención, porque de su dinamismo depende hoy una gran parte de la competitividad futura. Demonizar a una empresa y someterla a una presión social populista por utilizar mecanismos completamente legales y correctamente auditados que además son usados también por empresas de otros sectores es, sencillamente, una incorrecta definición del problema. Y además, una estrategia perdedora.

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