Redescubriendo el mundo a los treinta
y tantos
Cuando se suponía que por edad ya teníamos cierto conocimiento del mundo, resulta que no, que poco de lo que nos han inculcado y enseñado sigue vigente.
Ahora toca desaprender, revisar creencias y cuestionar nuestro modelo de un mundo que nunca volverá
6 Aug 2013  |  maldomao   BREVE         

Traigo un buen artículo sobre la aplicación de biotecnologías a la agricultura y sus consecuencias sobre la alimentación, el medioambiente y la cultura, un tema tan interesante como complejo que no había tratado hasta ahora:

“La aplicación de las nuevas tecnologías en agricultura” por Pere Puigdomènec | Cuaderno de Cultura Científica

Saco la parte en la explica la irrupción de las plantas trangénicas en ese ámbito:

La limitación de la Genética clásica, incluyendo los marcadores moleculares se da cuando en toda la variabilidad existente en la especie no encontramos ninguna variedad resistente a una enfermedad determinada.

Hasta 1983 no había ninguna posibilidad de resolver el problema. En 1983 aparecieron dos artículos en dos de las principales revistas científicas del mundo, Nature y Cell, en el que se abría una vía para producir variabilidad genética nueva en especies de plantas. Los dos artículos demostraban que era posible introducir en el genoma del tabaco un gen de origen bacteriano, aislado y modificado en el laboratorio mediante el uso de las técnicas del DNA recombinante. Para ello se basaban por un parte en la propiedad de las plantas que pueden regenerar plantas normales a partir de cultivos de células. Por otra parte se basaban en las propiedades de ciertas bacterias que infectan plantas de transferir a las plantas que infectan un fragmento de DNA. Los investigadores demostraron que éste se incorporaba al genoma de la planta y funcionaba como uno de los genes propios de la planta. Habían nacido las plantas transgénicas o plantas modificadas genéticamente.

Tras aparecer en 1983 los artículos que demostraban la posibilidad de modificar genéticamente las reacciones fueron muy similares a las que se produjeron en el desarrollo de las técnicas del DNA recombinante. Se abrieron unas grandes posibilidades de estudiar el funcionamiento de los genes en plantas y se convirtieron rápidamente en una herramienta esencial para la investigación en Biología Vegetal. También aparecieron las oportunidades de aplicación para obtener plantas con caracteres que no son accesibles por la Mejora Genética clásica y ello tenía un claro interés industrial. Aparecieron en este campo también las patentes, las compañías spin-off s y las inversiones de las grandes compañías de semillas. Y como en los años 70, se comenzó a discutir la posible existencia de riesgos que se podían presentar para la salud y el medio ambiente. De esta forma, ya desde 1986 en los Estados Unidos y desde 1990 en Europa se dictaron unas regulaciones que estaban destinadas a analizar el riesgo que podía suponer una planta modificada genéticamente y, caso por caso, realizar una aprobación de cada una de ellas de forma que se garantizase que no presentara ningún riesgo para la salud o el medio ambiente. Este análisis se hace actualmente por el Panel de Organismos Modificados Genéticamente de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

El proceso de aprobación de una planta transgénica es muy complejo y se examina la modificación genética de la planta, los posibles cambios en su composición, posibles efectos de toxicidad y alergenicidad así como comportamiento agronómico y efectos sobre el medio ambiente. Los datos suelen llegar a costes de millones de euros y son analizados por el panel europeo que debe también considerar los comentarios que formulen las autoridades competentes de los países miembros. El nivel de exigencia es teóricamente similar en los distintos países del mundo pero de hecho en Europa existen diferencias regulatorias como la necesidad de etiquetar los alimentos que contienen más del 0,9% de un componente modificado genéticamente.

El cultivo de plantas transgénicas continúa extendiéndose por el mundo y en el 2008 ya se plantaron más de 100 millones de hectáreas. Se trata esencialmente de grandes cultivos como maíz, soja, algodón o colza. A estos cultivos el carácter que se les ha introducido es principalmente una nueva resistencia a insectos o tolerancia a herbicidas. Ello reduce las pérdidas en los cultivos debido a los insectos, sobre todo los taladros en el maíz e insectos similares en el algodón y hace el cultivo más fácil en el caso de la soja tolerante a herbicidas. A principios del año 2009 la situación sigue polarizada entre aquellos que están dispuestos a aprovechar las ventajas de las plantas transgénicas y aquellos que se oponen a ellas de forma radical.

Al final refleja lo complejo de la cuestión y la simplificación y el absurdo extremismo del debate público (lo pongo en negrita):

El debate sobre las plantas transgénicas ilustra la complejidad del debate entorno a la introducción de las nuevas tecnologías en agricultura. Sabemos que si bien en términos globales la producción de alimentos ha crecido en el mundo, también sabemos que no es suficiente ya que tenemos todavía casi 1.000 millones de personas sin un acceso correcto a la alimentación. La crisis de producción que se produjo el año 2007 demostró la fragilidad de la actual producción agrícola mundial. Y sabemos que la demanda de alimentos crece por el aumento de la población y por la mayor exigencia en calidad de los países emergentes. Esto se produce en un entorno de cambio climático y de altos costes de la energía que continuarán a medio y largo plazo. Las decisiones que se tomen en cuanto a nuevas tecnologías aplicadas a la producción agrícola deberían, por tanto, estar basadas en asegurar alimento suficiente, seguro y saludable al conjunto de la población humana. Pero sabemos también que algunas de nuestras prácticas agrícolas son agresivas con el medio ambiente. El uso intensivo de abonos o pesticidas puede producir contaminación en el medio ambiente y la agricultura intensiva, erosión del suelo y aparecen nuevos usos de las plantas como los biocombustibles. Todo ello en una situación que no deseamos ganar terreno cultivado a los espacios salvajes que deseamos conservar y cuya pérdida es una causa importante de producción de gases que causan el cambio climático. Por otra parte la agricultura es un componente esencial de nuestra cultura en cuanto a métodos de producción, en cuanto a fuente de aquellos alimentos que asociamos a nuestra cultura y en cuanto a preservar un entorno social y paisajístico. Por tanto es imposible encontrar soluciones únicas a un conjunto de cuestiones de tan gran complejidad.

En este contexto en las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura parece necesario priorizar aquellas tecnologías que permitan por una parte asegurar una alimentación segura a la población humana en condiciones de sostenibilidad de las tecnologías de cara al futuro. Esto incluye el respeto a la diversidad biológica de las especies cultivadas y del entorno ecológico y a la diversidad cultural del entorno social. Por estas razones proponer a priori el uso exclusivo o la prohibición radical de cualquier nueva tecnología parece inadecuado, aunque los niveles de discusión que tenemos hoy día parece que sólo dejan espacio a la simplificación de las posturas. Nada sustituye al análisis riguroso de los datos y al debate abierto y respetuoso de las opciones que se presentan ante nosotros.

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